La generación de los padres-abuelos

Periodista Karl Tröller:

Leo en la revista Bienestar de Sanitas que después de los cincuenta años estás ejerciendo como padre-abuelo de Mía. Encarnas una nueva versión de Kramer contra Kramer. La tendencia es mundial.

Decidí escribirte para darte la bienvenida a la cofradía de los padres y abuelos que en agosto tiramos pañales y teteros por la ventana.

Los abuelos llegamos al oficio sin mayor bagaje. “Cómo ser abuelos” debería ser una materia obligatoria desde primaria. Cuando tengas dudas puedes hacerme consultas. Precios sin competencia. Promoción hasta agotar existencias. No aplica para festivos.

Menos mal no estás solo en el patio y te acompañan otras tres vocaciones tardías bogotanas en asuntos de paternidad. Los cuatro padres-abuelos cincuentones tienen su propia guardería y está bien que se acompañen porque la sola condición de abuelos nos vuelve antípodas de nosotros mismos.

Por ejemplo, has cambiado la zozobra nocturna del bar por la dialéctica del pañal y el tetero. Te llegó el tiempo de piñatas un mes sí y el otro también.

“Ahora soy un búho que la mira dormir y está pendiente de su respiración y de sus sueños”, dices bellamente en tu testimonio.

Has asumido tu paternidad-abuelidad con exquisito profesionalismo. No es mala del todo la idea de aplazar la paternidad para cuando ciertos pecados capitales y no capitales empiezan a retirarse de nosotros.

A tu edad se puede ejercer a cabalidad el oficio de padre-abuelo. (Que no se entere el Procurador que nos acompaña porque te puede molestar por innovar con tus amigos y esposas. Una paternidad-abuelidad tardía la puede considerar peor aberración que hacer la paz con los alebrestados en armas).

Como suelo meter mi quevedesca nariz donde no me han invitado sugeriría que lideraran una asociación de padres-abuelos. Yo ocuparía una discreta secretaría. Crece la audiencia en este campo pues la tendencia del hombre de internet es aplazar el “mártirmonio” hasta la hora de nona.

Como no fui un dechado de padre procuro lucirme ahora que ennietezco por cuenta de cuatro ternuritas.

En cierta forma trato de hacer las veces de papá-abuelo. Es “un poco muy mucho” tarde para ejercer paternidades, pero me doy el consuelo de que aún es temprano tratándose de los nietos.

Disfrutamos las salidas de nuestra nieta Sofía Mo, de tres años, que son verdaderos poemas. Hace poco compartimos con ella. Estas son algunas de las perlas que nos regaló:
Una vez que llegó la noche me preguntó: ¿”Abu”, dónde está el día?
Otro: ¿Para dónde se va el día cuando llega la noche?
Una más: Se está descubriendo, “abu”. (Estaba amaneciendo).
Cuando sea grande voy a crecer porque estoy muy pequeña.
El avión es un “culumpio” en el aire.
Creí que iba a ser mejor abuelo pero no hay tal. Cuando comparto con ella en la noche y me pide que le lea cuentos primero me duermo yo. “Abu, no de duermEs”, y me despierta nada tiernamente. Pilas, Tröller, con lo que dice Mía.