Madre, has recorrido un largo camino

Diferencias entre las mamás primerizas y quienes tienen dos o más hijos
Madre, has recorrido un largo camino
Queremos a todos nuestros hijos por igual, pero tenemos una relación particular con cada uno de ellos.

“¿Quién es tu preferido? ¿A quién quieres más?”

Tarde o temprano, estas y otras preguntas similares se cuelan en las conversaciones de madres e hijos.  “Los quiero a todos por igual”, nos apresuramos a contestar, y generalmente es cierto. Lo que también es cierto es que, al margen del amor, la manera de tratarlos no siempre es la misma: los años pasan, las circunstancias cambian, y a esto se le suma la personalidad individual de cada hijo.

Generalmente con el primer hijo somos más jóvenes, y no tenemos ni la experiencia, ni los recursos económicos que vamos ganando con los años, para cuando llegan “bebé 2” y “bebé 3”. Al mismo tiempo, el primer bebé disfruta de la atención ilimitada y la energía que se disipan con los años.

Otra de las grandes diferencias en la manera en que tratamos a cada uno de nuestros hijos está basada en las lecciones que aprendemos a lo largo del camino. Hablamos con madres primerizas y con madres con dos o más hijos y encontramos experiencias similares entre ellas. Estas son algunas de las diferencias más comunes entre las mamás.

Abierta al diálogo

La madre primeriza se promete a sí misma jamás gritarles a sus hijos. “Antes de negarles algo, les voy a explicar las razones, para que ellos comprendan sin necesitar de gritar. Sólo es cuestión de contar hasta 10 y respirar hondo”.

Para después del segundo hijo, y de haber contado hasta 3,000 respirando hondo, un par de gritos pueden ser terapéuticos y efectivos. “Es no, porque es no, y porque lo digo yo que soy tu madre y punto”.

Video juegos

Las madres primerizas conocen los efectos negativos que pueden tener los videojuegos y los teléfonos celulares en los niños. “Les crean dependencia y los niños parecen hipnotizados. Sentados en el sofá, por momentos hasta da la sensación de que hubiesen desaparecido”.

Para después del segundo hijo, esos aparatitos con poder hipnotizador nos empiezan a parecer extremadamente útiles, especialmente en esos momentos en los que desearíamos que los pequeños desaparecieran por unos minutos. “Juancito, por favor, ¿por qué no te vas a ver televisión, o a jugar con tu PlayStation, y le das cinco minutos a mamá?”.

 Experta en nutrición

La mamá primeriza se aprende el ABC de la nutrición. “Jamás les voy a dar a mis hijos comida chatarra, ni pre-preparada”. “Voy a comprar los vegetales orgánicos en la feria de productores y preparar todo de manera natural”.

Para el segundo o tercer hijo, algunas de las sanas sugerencias se hacen difíciles de mantener. Después de ocho horas en el trabajo, cuesta encontrar la energía para pasar por el mercado, y ponernos a cocinar. Repentinamente, ordenar pizza no nos parece tan malo después de todo. “Delivery, please”.

Momento Kodak

La colección de fotos de una mamá primeriza puede alcanzar cantidades inimaginables. La mamá toma fotos de la primera sonrisita,  del primer pasito, y del segundo y del tercero.

Después del segundo hijo, las fotos comienzan a ralear. El tercero es quien generalmente pregunta. “Mamá, ¿dónde están mis fotos de bebé?”. “Fotos, ¿qué fotos?”.