Editorial: La explotación de una “guerra” falsa

El desencuentro entre las frustraciones del público y la policía es explotado con fines políticos, convirtiendo una tragedia en un instrumento de campaña

El brutal asesinato del agente Darren Goforth del sheriff del Condado de Harris, en Texas, dio pie en algunas sectores a las denuncias de que hay “una guerra” contra la policía. Las cifras indican algo distinto, este año no están muriendo más policías que en los anteriores, sin embargo la frustración de los agentes, del público y el aprovechamiento político de las tragedias crean falsas apariencias.

Desde los incidentes de Ferguson hasta ahora hubo un desgaste en la relación de la policía con la comunidad, especialmente la de color. Las historias de abuso policial cobraron interés nacional, junto con los numerosos videos que mostraban la brutalidad con que actuaban algunos agentes y la impunidad con que cubrían sus pasos. Al mismo tiempo, el asesinato en diciembre pasado de dos policías en Nueva York, como ahora el de Goforth, por el solo hecho de ser agentes, alimentó la impresión de asedio o persecución contra los uniformados.

Este desencuentro es explotado con fines políticos, convirtiendo una tragedia en un arma de campaña.

El senador Ted Cruz encabeza el grupo de quienes dicen que la “policía bajo está bajo asalto”  y culpa al presidente Obama de poner en peligro la seguridad.  En esta narrativa también las entran especulaciones sin pruebas que se repitieron como verdades. Una dice que Shannon Miles, el supuesto asesino que vació un cargador de balas en la cabeza y la espalda de Goforth, era simpatizante de la organización Black Lives Matter. Ese mismo grupo en el que puñado de simpatizantes coreó hace unos días en Minessotta lemas hostiles contra la policía.

Esta narrativa ideológica ignora lo más importante en el caso de Gofforth. Miles es un enfermo mental que fue institucionalizado por seis meses y habría que preguntarse cómo fue que consiguió un arma de fuego. No es casualidad que Texas,  junto a Alabama, Louisiana y Mississippi sean los estados más permisivos en la venta de armas y sean donde más policías han muerto. Pero esta es harina de un costal que no se quiere tocar.

La credibilidad policial está en su nivel más bajo, aunque la confianza en la institución esta firme según una encuesta Gallup. La mayoría de los agente del orden son dedicados servidores públicos. Este es un momento que requiere fortalecer las relaciones con las comunidades en vez de torpedearlos con paranoia para egoístas fines políticos.