Trump no quiere que se hable español

La reacción del precandidato apela a la tradición nativista
Trump no quiere que se hable español

“Estos que están llegando acá son generalmente los más ignorantes y estúpidos de sus países. Muy pocos entienden inglés y por lo tanto no hay forma de dirigirse a ellos. Traen vicios que se vuelven imposibles de cambiar”.
No, no amables lectores, no es el último discurso del precandidato multimillonario que lidera las encuestas del Partido Republicano.
Estas palabras fueron pronunciadas por Benjamin Franklin hace casi 300 años en referencia a la gran población germana que se había asentado en Filadelfia.

Los records de la época señalan que un alto porcentaje de inmigrantes germanos no hablaban inglés y que los carteles en su lengua, alrededor de la ciudad, eran tan comunes como los que vemos ahora en español, vietnamita, coreano o mandarín en cualquier ciudad de California.

Lo que sí hizo el candidato multimillonario la semana pasada es ganarse un poco más “el amor” de la comunidad hispana e inmigrante al criticar a Jeb Bush por responder en español una pregunta que le había sido realizada en ese mismo idioma. Dijo el multimillonario que Bush hacia mal en hablar español, que estamos en los Estados Unidos y que deberíamos hablar solo inglés. Este tipo de comentarios es repetido con frecuencia por el ala radical conservadora del partido republicano que da como un hecho que los hispanos simplemente no somos capaces de hablar su idioma.

La realidad es que de acuerdo a un estudio reciente del Centro Hispano Pew, el 40% de los inmigrantes nacidos en el extranjero hablan inglés perfectamente. Otro 22% tienen la habilidad de comunicarse y el 38% no manejan el idioma inglés. En la época de don Benjamin Franklin el 45% de los inmigrantes Germanos nacidos al otro lado del océano no hablaban inglés. Haga usted la comparación, amable lector.

Para la primera generación, esto es los hispanos hijos de los inmigrantes nacidos en el extranjero, el 90% de ellos dominan el Inglés.
A mucha gente anglosajona le molesta cuando los hispanos hablamos español en público.

Se les complica entender que muchos hispanos somos bilingües, y que es probable que en una conversación con nuestros hijos utilicemos el inglés, pero que en una conversación con nuestro cónyuge o una tía octogenaria utilicemos el español.
Cuestionar el uso público de un idioma, sea este español, mandarín o farsi es ignorante, retrógrado y xenofobo. Tres palabras que definen muy bien al precario precandidato multimillonario republicano que lidera las encuestas de su partido, precisamente por apelar a un sector reaccionario de la derecha conservadora que le teme a los inevitables cambios demográficos que están ocurriendo en los Estados Unidos de América.