Ayotzinapa: sí fue el Estado

Las descalificaciones del GIEI derriban la versión oficial de la desaparición de los normalistas

Nuevamente el gobierno de Enrique Peña Nieto ha quedado exhibido ante el mundo por sus torpezas y mentiras. De un tajo, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI) terminó con la “verdad histórica” sobre el caso Ayotzinapa al confirmar lo que para millones fue evidente desde el principio: que la versión oficial está plagada de falsificaciones y engaños.
Sin rodeos, el GIEI dictaminó que el crimen contra los 43 estudiantes de Ayotzinapa fue una agresión indiscriminada, arbitraria y orquestada en la que participaron policías municipales de Cocula, del estado de Guerrero y de la federación, así como el Ejército, es decir, el Estado en su conjunto.

Las descalificaciones del GIEI incluyen múltiples aspectos y empiezan por derribar la versión oficial de que los 43 jóvenes fueron incinerados al aire libre en Cocula. Como ya lo habían señalado varios académicos mexicanos, entre ellos Jorge Antonio Montemayor de la UNAM y Pablo Ugalde de la UAM, es científicamente imposible que la cremación de los cuerpos haya ocurrido como relataron las autoridades de la PGR. Para hacerlo con leña, se hubieran necesitado 33 toneladas de troncos o bien 995 neumáticos. Los expertos señalaron, además, que es altamente improbable que en un basurero al aire libre se hubiera podido alcanzar la temperatura adecuada para incinerar 43 cuerpos, lo que incrementa las sospechas de que se hayan utilizado los hornos crematorios del Ejército.

El GIEI resaltó, asimismo, que las evidencias y la escena del crimen se manipularon y que muchos testigos declararon que la PGR los torturó. Pero sin duda el aspecto que más inquieta es que las autoridades de esa dependencia ocultaron la existencia de un quinto autobús que llevaba estudiantes. Los expertos del GIEI dejaron entrever que ese vehículo podría haber sido utilizado para transportar droga a Chicago, lo que plantea la posibilidad de que el móvil del crimen haya estado relacionado con la recuperación de esa mercancía.

Falta mucho por saber que pasó exactamente la fatídica noche del 26 de septiembre. Pero al menos ahora tenemos la certeza de que lo dicho por el entonces procurador Jesús Murillo Karam fue una burda fabricación de los hechos, a la que tendrá que responder.

Ante la contundencia del reporte del GIEI, al gobierno federal no le quedó otra alternativa más que reconocer las fallas de la investigación de la PGR. Tanto el presidente como la procuradora Arely Gómez aseguraron que considerarán las recomendaciones del grupo, entre ellas la necesidad de un nuevo peritaje sobre el caso. Difícilmente cumplirán su palabra, pero la sociedad no debe claudicar en su exigencia de que se llegue al fondo de la verdad.