Higuita y el escorpión

Era ducho en provocarles infartos a sus seguidores. Sospecho que era accionista mayoritario de las clínicas del corazón.

Hace poco cumplió años la jugada denominada escorpión o balancín. Y también cumplió años (49) el que ha hecho el mejor escorpión de la historia. De paso, digamos que esa jugada del colombiano René Higuita, pese a que fue ejecutada en un partido amistoso, ha sido etiquetada como la mejor de la historia.

Ni los goles con la mano y con el pie, en un mismo partido, de Maradona, contra Inglaterra, lograron ganarle en el corazón de los hinchas que votaron.
Inventar una jugada es como descubrir una nueva estrella. O inventar un soneto de tres cuartetos y tres tercetos, o un remedio contra las ganas del varón domado de hacer la guerra en lugar de hacer el amor que es mejor.

Arsenio Erico, paraguayo, figura en Wikipedia como el inventor del escorpión, que más que jugada es una anómala cabriola digna del circo del Sol. Erico, quien jugaba para el club Independiente de Argentina, le marcó un gol de escorpión al arquero del Boca Juniors cuyo nombre, felizmente para él y sus nietos, no registra la historia. Eso fue el 12 de agosto de 1934.

La hazaña del paraguayo se quedó de ese tamaño hasta el 7 de septiembre de 1995. Ese día, Colombia jugaba en la cancha sagrada de Wembley, en Londres, un partido amistoso contra la selección de Inglaterra. Un buen día un nada flemático inglés decidió agarrar la tierra a las patadas: había nacido el fútbol.

En algún momento del partido Colombia-Inglaterra, el inglés Jamie Redknapp, disparó contra la portería del arquero de la selección. Y ahí fue Troya: el desenfadado loco en vez de agarrar el balón con las manos, se elevó, dejó pasar el balón a sus espaldas donde lo esperaban sus guayos y lo rechazó.

La reina Isabel que acaba de convertirse en la soberana que más ha ocupado el cargo en toda la historia, suspendió el té de la cinco, el Big Ben se negó a dar la hora por unos segundos, Chaplin sonrió desde su inmortalidad y la aldea global aplaudió el desplante de René. Había entrado a la historia.

Higuita nació para ser distinto, la contraria del pueblo, el Cordobés del fútbol. Nada de cosas trilladas. Cuando le daba la gana hacía goles de tiro libre o de penalti. Era un híbrido de portero, defensa, medio campo, delantero, jefe de relaciones públicas, alero, aguatero… Si había que prestar plata en pleno partido, lo hacía. Ahora se dedica a entrenar arqueros en Arabia.

A él se le debe la “renehiguitizacíon” del fútbol. Era ducho en provocarles infartos a sus seguidores. Sospecho que era accionista mayoritario de las clínicas del corazón.

Como la vez que, en un partido oficial, trató de salir driblando desde su portería, pero el camerunés, Roger Mila, se avispó y le quito el balón. La selección regresó a casa.

Higuita se quedó impávido como un queso pornográfico. Le preguntaron en Santiago, días antes del suramericano que ganó Chile, si se arrepentía de algo. El pragmático que hay en él respondió: en la vida unas veces se gana, otras se pierde. Y hasta luego.