Niña refugiada guatemalteca vivió acoso y choque cultural en LA

Yoselín Orantes, espera por una visa especial para inmigrantes juveniles y que se cancele una orden de deportación

ninos migrantes

El golpe de su novio, un pandillero en Guatemala, fue certero. Le pegó tan duro en el vientre que apagó la vida que crecía dentro de ella. “Perdí a mi bebé”, dice con un suspiro Yoselín Orantes.

Apenas recibió la noticia, la más amarga en sus 18 años, Yoselín empacó maletas y se encaminó hacia Estados Unidos, temiendo que el siguiente muerto fuese ella o alguno de sus familiares.

“Cuando vi en las noticias que el presidente [Barack Obama] estaba dejando que los menores entraran, dije ‘no tengo otra opción más que eso’”, cuenta la jovencita en su nuevo hogar en Riverside.

Trayecto casi mortal

Era el otoño de 2014 y le esperaba un tortuoso trayecto sobre el tren apodado “La Bestia”, que sigue siendo el medio más usado por migrantes centroamericanos para cruzar México y llegar a Estados Unidos.

Fueron los dos meses más difíciles de su existencia en los que sorteó todos los peligros que rodean a ese monstruo metálico que devora vidas. “No sé cómo Dios me dio la fuerza para llegar hasta acá”.

De Tabasco a Tamaulipas, ella durmió en los vagones y entre los matorrales, ocultándose de los agentes migratorios mexicanos. En una ocasión que los seguían sobre el tren en marcha, ella estuvo a punto de morir. Una mujer cayó del ferrocarril y la jaló.

“Yo quedé toda ensangrentada y empecé a gritar, sentía que me volvía loca de ver tanta sangre”, dice Yoselín, quien creía que los rieles la habían mutilado. Pero cortaron una pierna de la mujer.

Los recuerdos de esa experiencia la han seguido a Riverside. “Es algo que no puedo sacármelo de la mente. A veces me corto cocinando y me pongo mal”, dice.

Se salvó de la “migra” mexicana, pero en el desierto de Texas detuvieron al grupo en el que iba. A ella la enviaron a un refugio, donde estuvo un mes. En la Navidad pasada llegó a la casa de su tío en Compton.

Yoselín Orantes, una niña guatemalteca que viajo sola a EEUU como parte de la ola de niños migrantes que llegaron en el 2014. / Isaias Alvarado
Yoselín Orantes, una niña guatemalteca que viajo sola a EEUU, quiere ser cosmetóloga y apoyar económicamente a sus padres y cuatro hermanos menores en Guatemala. / Isaias Alvarado

Acosada en Compton

Cuando se le pregunta cómo pasó los primeros días en la preparatoria Dominguez de esa ciudad, Yoselín responde “terribles”, por el choque cultural y el acoso, los retos más grandes de los refugiados.

“Dos niñas que siempre me veían me pasaban llevando o me decían cosas de qué hacía aquí, que había entrado ilegal, que debería irme o me iban a hacer algo para que me fuera”, relata.

En una ocasión ellas llegaron más lejos en un sanitario de la escuela. “Me estaban grabando por arriba del baño con un celular […] Yo me enojé tanto y peleé con ellas”, contó.

Las estudiantes fueron suspendidas y eliminaron la grabación.

A pesar del hostigamiento, ella dice que la pasó bien en la escuela porque la apoyaban los maestros.

Un abogado del Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN) recién envió una solicitud para que la menor obtenga una visa especial para inmigrantes juveniles y se cancele la orden de deportación.

A principios de junio ella y su tío se mudaron a Riverside, donde continuó sus estudios. Ella quiere ser cosmetóloga y apoyar económicamente a sus padres y cuatro hermanos menores en Guatemala.

“Lo que sí veo es que aquí hay muchas oportunidades de salir adelante. Tengo muy claro que si uno se esfuerza puede llegar a ser alguien en la vida”, dice.