Huyó de las maras, pero encontró las pandillas en LA

Un joven salvadoreño fue rescatado de los malos pasos gracias a un programa de Homies Unidos

ninos migrantes

El rumor de que tres pandilleros lo querían matar llegó a oídos de José Rivas en su escuela, en El Salvador. “Allá afuera te están esperando”, le advirtieron y él huyó por la parte trasera del plantel.

Su abuelo se enteró de la amenaza y le ordenó prepararse de inmediato para hacer un viaje de 3,100 millas hacia Los Ángeles, donde vivía su padre, al que no veía desde que era un bebé.

José dice que jamás se metió a una pandilla, pero explica que en su país el estudiar en un instituto que está dentro del territorio de una de estas bandas es suficiente para ser identificado como miembro.

En agosto de 2014 el chico inició una larga travesía. En México estuvo un mes encerrado en una bodega antes de continuar su viaje en autobús. En Texas, agentes migratorios lo detuvieron y enviaron a dos centros y después a un albergue en Florida. En diciembre él llegó finalmente a Los Ángeles.

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José Rivas camina junto a Alex Sánchez del grupo Homies Unidos, quienes manejan un programa que ha regresado al redil a decenas de menores centroamericanos recién llegados. / Aurelia Ventura

Perdió la brújula

Lo que jamás imaginó este adolescente de 17 años es que al llegar al sur de Los Ángeles también se enfrentaría a una zona donde hay que tomar precauciones, como en su país natal.

“No siento que sea un lugar seguro”, dice José. “Vengo de El Salvador huyendo de lo que son drogas y pandillas, y llegamos acá, a la high school, y vemos lo mismo, drogas y pandillas”, agrega.

El chico se descarrió por varias situaciones: llegó al hogar de un padre al que prácticamente no conocía y a convivir con una madrastra y dos hermanastros, en la escuela perdió el interés por no entender el inglés y en la calle y en los parques debía cuidarse de nuevos pandilleros.

También extrañaba a su madre, en Centroamérica, de quien no se despidió.

“No tenía nada de enfoque en estudiar, sino que mi enfoque era tal vez integrarme a una pandilla aquí y usar drogas”, cuenta el chico, quien ha sentido discriminación por hablar español. El acoso (bullying) es uno de los problemas más graves que enfrentan los menores refugiados en las escuelas.

Jose Rivas comparte su historia durante una charla en el programa “El Joven Noble”, del grupo Homies Unidos. /Aurelia Ventura
Jose Rivas comparte su historia durante una charla en el programa “El Joven Noble”, del grupo Homies Unidos. /Aurelia Ventura

Malas compañías

En la preparatoria Hawkins, a la cual ingresó a mediados del ciclo escolar pasado, a José le sobraron ofrecimientos para consumir droga y abandonar las clases. “Salía cualquier amigo de ‘¿qué onda, nos vamos a detonar un puro [fumar marihuana]?’, ‘Dale’”, cuenta el chico.

Era la época en que las emociones de José estaban revueltas. Se sentía solo. Aquí su padre casi nunca estaba en casa por su trabajo y allá no lo querían de regreso para no verle muerto.

Desde que se vino han asesinado a tres de sus amigos en El Salvador. Enterarse le deprimió.

“No sabes qué hacer y tal vez el refugio lo puede hallar uno con los amigos y los amigos están peor que uno, te ofrecen otras cosas”, comenta.

Antes de que tocara fondo le presentaron el programa “El Joven Noble”, del grupo Homies Unidos, que ha regresado al redil a decenas de menores centroamericanos recién llegados.

Gracias a esa intervención mejoró su rendimiento académico y le nació un sueño.

“Quiero ayudar a los jóvenes de mi edad. Yo sé lo que se siente que tu papá te diga ‘te doy tanto dinero y olvídate que no me viste por tantos años’”, dice.