Los fondos para los contaminados

La distribución de los fondos de cap-and-trade debe ser más justa
Los fondos para los contaminados
Los residentes de Wilmington, en su mayoría latinos, se encuentran en un callejón sin salida, atrapados por las tóxicas exhalaciones de refinerías que los rodean. Aurelia Ventura/

El sistema conocido como cap-and-trade que está vigente en California para reducir la emisión de dióxido de carbono, que produce el cambio de clima, tiene una lógica perversa. Le permite a la industria con sus grandes plantas contaminar el ambiente a cambio de dinero que será usado para todo el Estado. O sea que la respuesta al aire sucio y los peligros ambientales que padecen las comunidades de color aledañas, por ejemplo a una refinería, es el tren de Los Ángeles a San Francisco o un programa para alquilar bicicletas en la otra punta de California.

La ley SB 535, del senador Kevin de León, introdujo un poco de sentido común al exigir que por lo menos se invierta el 25% de los cerca de 3,000 millones de dólares a recaudarse este año, en programas que beneficien a las “comunidades en desventaja” y por lo menos 10% en las áreas geográficas específicas. En este caso las comunidades en “desventaja” con las perjudicadas por la contaminación y a las más pobres.

La estrategia detrás de la SB 535 es usar esos fondos como una inversión general en las comunidades más necesitadas, construyendo vivienda accesible y tratando de que los fondos generen una mejoría general del vecindario como con la creación de empleos. Esta es una visión integral que debido a las varias interpretaciones de la palabra “beneficio” de la ley, en la realidad no necesariamente beneficia al vecino de la refinería, ni a la comunidad más pobre porque, la geografía entre contaminado, pobre y beneficiado puede ser muy grande.

Es cierto que la contaminación ambiental no tiene fronteras. Pero también es una cuestión de justicia ecológica el que por lo menos la totalidad de los recursos destinados a las comunidades en desventaja, y las vecinas a los focos de contaminación, sean invertidos  dentro de su área, especialmente en el segundo caso.

La sesión legislativa terminó recientemente con casi mil millones de dólares del fondo sin usarse. Hay una pugna entre los legisladores que quieren dinero para sus propios proyectos ambientales. En enero se distribuirán los fondos remanentes, esperamos que se hagan las correcciones necesarias para compensar con justicia a los californianos cuyo sufrimiento, por vivir cerca de instalaciones contaminantes, permite mejorar el aire de todo el Estado.