México abre las puertas a estudiantes sirios

Es el primero de los 30 estudiantes que México aceptará como parte Habesha, un proyecto civil sin fines de lucro
México abre las puertas a estudiantes sirios
El joven continuará sus estudios en el estado de Aguascalientes

México – Essa Hassan no quería ser parte de la guerra civil de su país, cuya mayoría chiíta, una de las dos corrientes del islam que predominan en Siria, busca sacar al gobierno de Bashar al-Asad,  perteneciente a los sunitas. Por eso huyó del servicio militar y después de tres años de peregrinar aterrizó en México.

No fue una migración cualquiera, como muchos de sus connacionales que pasan por este país atractivo por ser vecino de Estados Unidos, sino una bien pensada para estudiar durante un año español y Diálogo y Cultura de la Paz en la Universidad Panamericana, de Aguascalientes, donde recibirá una beca completa, seguro médico y un estipendio mensual provisto por la casa de estudios.

Posteriormente se revalidarán sus estudios para continuar otra carrera.

Hassan es el primero de los 30 estudiantes que México aceptará como parte Habesha, un proyecto civil “sin ánimo de lucro”, “apolítico” y “laico” que acomodará a los sirios en universidades públicas y privadas del Distrito Federal, Guanajuato, Jalisco, Puebla, Querétaro y Aguascalientes.

Está encabezado una docena de activistas mexicanos y de diversos países de Medio Oriente y África; el ex embajador de Francia y la Unión Europea, Francisco Olguín, y el ex embajador de México en Colombia y Jamaica, Luis Ortiz, fundador de la Comisión Mexicana para los Refugiados que ayudó a instalarse en este país a 100,000 desplazados guatemaltecos durante la guerra civil.

“Esta iniciativa es una apuesta por la paz y la reconstrucción de Siria tomando como punto de partida el apoyo a la juventud que vio interrumpida su educación superior debido al estallido del conflicto armado”, precisa el proyecto en su carta de presentación.

El conflicto en Siria se dramatizó en los últimos días con un éxodo masivo que trasladó la crisis de derechos humanos a Europa, donde los países se reparten a cuentagotas a los refugiados. El total de sirios desplazados suma ya 7.6 millones además de 200,000 muertos y un millón de lesionados.

Essa Hassan, de 26 años, llegó anoche a la Ciudad de México desde donde irá a Aguascalientes. Bajó del avión con una sonrisa y sus memorias de emigrante a cuestas.

Recuerda que dejó Damasco cuando se dio cuenta que iba a vencer su pasaporte y había evadido un tiempo el servicio militar para terinar sus estudios de Biblioteconomía y Ciencias de la Comunicación y por no creer en la guerra. “La violencia produce más violencia”, dice.

Se fue primero a Turquía, donde trabajó como mesero y luego a Líbano para empezar de cero como trabajador en un hotel hasta que se unió a la organización no gubernamental Acción Contra el Hambre hasta que se enteró de la oportunidad de seguir estudiando en México.

Ahora no habla español, pero es su reto, una especie de marca de esperanza. “Siempre pienso en el momento en que la guerra en Siria llegue a su fin y no quisiera regresar sin haber hecho algo más”