EPN: en defensa de los migrantes

Las palabras del mandatario ante la ONU fueron buenas, pero deben de comenzar por casa
EPN: en defensa de los migrantes

Desde que Donald Trump inició su campaña por la candidatura presidencial basada en los ataques contra la comunidad mexicana que vive en Estados Unidos, el presidente Peña Nieto optó por observar los toros desde la barrera.
Muchos, tanto dentro como fuera de México, criticaron su pasmoso silencio ante los insultos de Trump. Finalmente, en una entrevista con el portal SDPnoticias, Peña respondió que no quería darle al magnate neoyorkino más importancia de la debida.

“No me quiero prestar a un juego, ni ser parte del juego de quien pretende o aspira a una posición de Jefe de Estado… Es muy lamentable pero no quiero contribuir ni ‘hacerle el caldo gordo’ a alguien que está apenas compitiendo para convertirse en candidato”, dijo.

En parte, se podría decir que Peña tuvo razón. Pero lo cierto es que nos guste o no, el discurso de Trump ha resonado con insólita fuerza entre millones de votantes y ello explica, en gran medida, las razones por las que se mantiene en el primer lugar entre los aspirantes a la nominación republicana. Esto significa que, en definitiva, nadie puede ya hacer caso omiso de sus declaraciones.

Esta realidad pudo haber pesado en el ánimo de Peña al pronunciar su reciente discurso en la ONU. En el texto original no estaba contemplada una referencia abierta a las agresiones verbales de Trump. Pero al final, el mandatario decidió abordar el tema, aunque de manera indirecta:

“En todos los continentes, en todas las latitudes, los migrantes viven historias de riesgo, de rechazo, discriminación y de abuso. Estas condiciones se agravan cuando por ignorancia, mala fe, racismo o mero oportunismo político, los inmigrantes y sus hijos son estigmatizados y responsabilizados de las dificultades propias de los países de destino”, puntualizó Peña, en clara referencia a Trump.

El mandatario agregó que no se debe permitir esa injusticia y pidió “sumar esfuerzos para crear un esquema mundial de protección a los derechos del migrante a la altura de los desafíos que estamos viviendo”.

Por supuesto, nadie podría objetar esas palabras. El problema radica en la autoridad moral de quien las pronuncia. Peña tendría que empezar por ver lo que ha hecho su administración para proteger a los migrantes. La primera tarea sería, por supuesto, ofrecerle a los mexicanos las oportunidades educativas, laborales y de seguridad que necesitan para no tener que cruzar ilegalmente la frontera hacia el norte. Y en segundo lugar debería hacer hasta lo imposible por detener los graves abusos que sufren los centroamericanos a su paso por México. Sólo así podría aspirar a que su discurso en la ONU sea tomado con cierto grado de seriedad.