“Ojalá todas las mujeres denuncien la violencia”, nieta de Cantinflas es golpeada

Marisa Moreno Bernat, nieta de Cantinflas, tendrá que ser reconstruida del rostro tras golpiza que le dio su esposo.
“Ojalá todas las mujeres denuncien la violencia”, nieta de Cantinflas es golpeada
Marisa Moreno junto a su padre Mario Moreno Ivanova.

México – Marisa Moreno Bernat, nieta del comediante más aclamado de México, Mario Moreno “Cantinflas”, tomó fuerzas y grabó un video que envió a los medios de comunicación a través de su padre porque no podía presentarlo personalmente: la golpiza que le dio su marido la llevó al hospital y la inmovilizó.

“Ojalá todas las mujeres denuncien los abusos y no sufran por lo que yo estoy pasando”, se escuchó ante la prensa, once días después de la tunda que la dejó en un charco de sangre, con un trauma facial, un esguince cervical y 200 fracturas en el rostro.

Su recuperación ha sido lenta, narró Mario Moreno Ivanova, el acongojado progenitor que aún no ve el rostro normal de su hija de 21 años porque está hinchada y tendrá que ser intervenida para la reconstrucción de nariz, pómulos y la órbita del ojo derecho que los médicos pensaban que quedaría disfuncional, ciego.

“Ella tiene que ratificar la demanda”, dijo Moreno Ivanova a pesar de que él mismo se vio involucrado hace tres años en una demanda que interpuso su hijo Mario Moreno Bernat,  quien lo demandó ante las autoridades del Distrito Federal por el mismo delito del que su hermana ahora es víctima: violencia intrafamiliar.

Según Mario Moreno Bernat dijo aquella ocasión, su padre lo inducía a drogarse y emborracharse y luego “se ponía violento” y la “agarraba” contra él. El caso de Marisa, en cambio,  fue menos escandaloso. Al menos, en el momento en que ocurrieron los hechos, cuentan cuatro amigos con los que compartía departamento.

Moreno Bernat y su esposo, Alain Meder, de 31 años, pasaban por una etapa de divorcio después de dos años de casados. Él la visitó y se encerraron en una de las habitaciones mientras el resto de los roomates permanecieron en la terraza. Nada se escuchó de la golpiza hasta que uno de los amigos la vio a través de la puerta tirada en el piso, boca abajo.

Meder había huido y por las escaleras fue dejando rastros de sangre. Al día siguiente lo capturó la Subprocuraduría para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género para iniciar el proceso jurídico que podría llevar al golpeador a la cárcel hasta por seis años.