En defensa de los sindicatos

La extorsión de sindicatos es intolerable, así como lo es tratar a los trabajadores como objetos descartables.
En defensa de los sindicatos

Circulan por internet diversas imágenes sobre los obreros antes del surgimiento de los sindicatos y que se acotara el apetito capitalista que se alimentaba con la vida de los trabajadores.

En El Capital, Marx promueve la jornada de trabajo de 8 horas argumentando el deterioro en la calidad de vida de los obreros.

Paul Lafargue reclama el derecho a la pereza. El ocio debe ser un bien del que lo posee.

Desde El Capital, los sindicatos lograron grandes conquistas. Se reduce la jornada de trabajo, se limita el trabajo infantil, algunos obreros logran vivienda digna, casi se universaliza el derecho a la educación gratuita, se establecen políticas de salud, Estados Unidos crea un Estado de Bienestar que hoy es muy amplio en Europa.

Esto no garantizaba que los obreros ascendieran en las clases sociales, algunos casos excepcionales lograban educación universitaria y mejoraban su estatus económico y social, aspecto que el capitalismo utilizó míticamente como si fuera un sistema de igualdad de oportunidades.

Pero el capitalismo reaccionó. Lanzó ofensivas contra los sindicatos porque le arrancaban ganancias. El racista de Henry Ford argumentó a favor de mejorar el ingreso de los obreros para ampliar el crecimiento del capital, pero en la lucha egoísta, acorralaron a los sindicatos, y en Estados Unidos, aseguraron individualizar la lucha entre el obrero y la gran corporación.

En México, el sistema del PRI se tragó a los sindicatos, estos controlan a las masas trabajadoras de acuerdo a los intereses de los capitalistas, que si los dejaran anularían el salario mínimo. En Monterrey, cuna de un capitalismo voraz, controlaron a los sindicatos desde su surgimiento.

Los sindicatos se volvieron un instrumento del poder político, se corrompieron como los políticos, algunos líderes se volvieron parte de la clase dominante: son caciques en sus pueblos, son empresarios, viven con un lujo inalcanzables para muchos capitalistas.

Los líderes de empresas u organismos paraestatales, o del gobierno, tienen un flujo de circulante, no sujeto a los vaivenes del mercado.

Líderes de la CTM en el Estado de México viven de la venta de protección a las empresas.

Nada de lo anterior justifica la desaparición de los sindicatos, porque entonces el capitalismo salvaje cuya voracidad es insuperable, sumiría a los obreros en la peor de las indigencias.

En la agenda política la democratización y limpieza de los sindicatos debe estar en primerísimo lugar, si ahí no se garantiza el Estado de Derecho, no habrá democracia en ningún otro nivel.

La extorsión de sindicatos es intolerable, así como lo es tratar a los trabajadores como objetos descartables.

Respeto al trabajador es respetar la dignidad humana, derechos humanos, civiles, económicos y políticos.

La contratación colectiva frenó el deterioro de la calidad de vida, ahora debe fortalecerse. Es inaceptable que un obrero que trabaja más de ocho horas viva en la miseria. Es inaceptable que el capitalismo salvaje devore las vidas de la sociedad.