Nacen con los colores bien puestos

Aficionados de México y Estados Unidos no entregan sus sentimientos al país que los vio nacer
Nacen con los colores bien puestos
Mario Tapía y un grupo de seguidores mexicanos posan para la foto en las afueras del Rose Bowl de Pasadena. /ABRAHAM NUDELSTEJER

COBERTURA ESPECIAL: EEUU VS. MÉXICO

Nacer en un país no es condicionante de vender los sentimientos y el corazón a la selección de futbol de esa nación.

“Yo llevo a México en la sangre, por eso le voy al  Tri”, dijo Mario Tapia, un residente de Santa Ana que hace 36 años nació en Los Ángeles.

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Vestido con la camiseta negra y vivos verdes de la selección mexicana, “El Panda“, como sus amigos le dicen a Tapia, fue uno de los 90 mil aficionados que el sábado abarrotaron e Rose Bowl de Pasadena.

“Aunque nací en Estados Unidos, mis raíces y mi cultura están atadas a México porque de allá son mis padres”, dijo el aficionado que trabaja como supervisor de la empresa Edison de electricidad.

Tapia llegó al Rose Bowl cuatro horas antes de que diera el inicio el partido más anticipado de los últimos tiempos entre las selecciones de México y Estados Unidos.

Jugarse el boleto para asistir a la Copa Confederaciones de Rusia 2017 produjo una expectativa sin precedentes para un duelo entre los dos acérrimos rivales de la Concacaf.

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Un total de 800 credenciales de prensa fueron repartidas para el juego, la cifra más alta para un partido de futbol en Los Ángeles.

La importancia del duelo también hizo que los precios de los boletos alcanzaran proporciones estratosféricas  y Tapia fue uno de los que literalmente pagó el precio.

“Mi boleto me costó 250 dólares, pero es un lujo que me merezco, trabajo mucho y venir a ver este partido es un regalo que me quise dar”, dijo.

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Otro que pagó 200 dólares por una entrada para el juego fue Luis Morales, un guatemalteco que llegó al estadio en bicicleta tras recorrer 40 millas.

“Había que llegar como fuera, este es un partido que no me podía perder”, dijo el hombre de 38 años  que fabricó una camiseta con los colores de la selección de Estados Unidos, de la selección mexicana y del Club América de la Liga MX.

“Le voy  a Estados Unidos porque en este país he logrado hacer mi vida, a México en realidad no le voy, pero sí le voy  a las Águilas del América, el mejor equipo del mundo”, apuntó.

Con esa combinación de escudos y colores patrios pintados en su camiseta, Morales es un vivo ejemplo de que no se puede escoge donde nacer, pero sí se puede escoger a que selección entregarle el corazón.

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