Tijuana se ha convertido en la capital de los deportados

Se estima que más en los últimos cinco años más de 100,000 deportados se han quedado a vivir en esta ciudad fronteriza

Inmigrantes sin hogar esperan por comida afuer de Casa Madre Assunta en Tijuana. /Aurelia Ventura
Inmigrantes sin hogar esperan por comida afuer de Casa Madre Assunta en Tijuana. /Aurelia Ventura
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

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TIJUANA, México.- Cabizbajo camina Carlos por una empinada calle de la colonia Postal rumbo a La Casa del Migrante.

Lleva la mirada fija en sus zapatos sin agujetas porque en la cárcel de la que acaba de salir se las quitaron. Algo parecido a lo que hicieron los policías que lo detuvieron: lo despojaron del poco dinero que llevaba, según su relato.

Al levantar la vista muestra unos ojos secos, sin brillo, llenos de angustia, tristes, porque dice sentir el rechazo de la sociedad.

Nos ven como malhechores, la Policía nos levanta a cada rato, nos bajan el dinero”, dice este veracruzano de 40 años de edad, quien nos pide no usemos su apellido. “Aquí la gente cuando se entera de que soy deportado lo primero que me pregunta es que qué hice”.

Así como Carlos, son miles los que llegan vía deportación y se quedan a vivir en esta ciudad o que deambulan por sus calles con esa misma mirada triste.

Carlos (der.), un inmigrante deportado que ha hecho de Tijuana su nuevo hogar, junto a unos amigos. / Jorge Morales
Carlos (der.), un inmigrante veracruzano que fue deportado de Los Ángeles, posa junto a unos amigos en Tijuana, su nuevo hogar. / Jorge Morales

La estimación es que en cinco años alrededor de 100,000 personas se han quedado a radicar en Tijuana, de acuerdo con encuestas realizadas a deportados sobre sus intenciones, donde el 26% optó por quedarse en la ciudad, al menos durante un año.

Carlos fue deportado de Estados Unidos hace un año, luego de que la Policía de Los Ángeles (LAPD) lo arrestó por beber cerveza en el parque MacArthur.

Intentó cruzar de nuevo pero lo asaltaron en la zona conocida como El Nido de las Águilas, donde lo dejaron malherido, por lo que prefirió quedarse a vivir en esta ciudad.

Hace algunas semanas lo detuvo la policía local por no tener un documento de identificación y debido a ello ha perdido el trabajo que tenía ensamblando televisores en una maquiladora.

Se estima que más de 100,000 deportados llegan anualmente a Tijuana. /Aurelia Ventura
Se estima que más en cinco años más de 100,000 deportados se han quedado a vivir en Tijuana. /Aurelia Ventura

Repatriados en adopción

De 2010 a 2014 se registró un promedio de 7,500 deportaciones mensuales por Tijuana, según las estadísticas del Instituto Nacional de Migración (INM).

De ser una ciudad receptora de migrantes, Tijuana es ahora la capital de los deportados.

La Casa del Migrante, un albergue en la colonia Postal que se fundó en 1987 para atender a quienes llegaban a esta ciudad en espera de cruzar de manera indocumentada a Estados Unidos, es ya un lugar que atiende en su gran mayoría a deportados.

Un estudio realizado por El Colegio de la Frontera Norte (El Colef) detectó que sólo el 11% de las personas que han acudido a este refugio en los años recientes son migrantes de otros estados mexicanos o de países centroamericanos que llegan con la intención de cruzar hacia Estados Unidos.

Un hombre no identificado se afeita en el albergue para indigentes Casa Refugio Elvira en Tijuana. Cientos de personas deportadas por Estados Unidos malviven en la frontera. /Archivo
Un hombre no identificado se afeita en el albergue para indigentes Casa Refugio Elvira en Tijuana. Cientos de personas deportadas por Estados Unidos malviven en la frontera. /EFE

El 89% son deportados, ya sea por la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y tras ser detenidos por la Patrulla Fronteriza en el intento de cruce.

En el año 2000 el 58% de los que fueron atendidos en La Casa del Migrante eran migrantes que llegaron con la intención de cruzar la frontera, pero en la actualidad el 90% son deportados.

La gran mayoría de ellos, como Carlos, no conocen la ciudad, no tienen familiares ni amigos cercanos y es poco el apoyo del gobierno que reciben para subsistir.

“Aquí el único apoyo que tenemos del gobierno”, cuenta Carlos, “es cuando los policías nos apoyan para subirnos a la patrulla”.