México: Violaciones sexuales sorprenden a hombres y mujeres indocumentados

Muchos migrantes centroamericanos son víctimas de crímenes sexuales a su paso por México
México: Violaciones sexuales sorprenden a hombres y mujeres indocumentados
La Arrocera, uno de los parajes donde se han denunciado el mayor número de violaciones sexuales contra indocumentados.
Foto: Gardenia Mendoza / Impremedia

MÉXICO.- A los inmigrantes centroamericanos, las violaciones sexuales los toman por sorpresa. No sólo porque, a diferencia de hace cinco años, los abusos pillan a otra generación de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños menos informados por venir de provincias más remotas, sino porque una vez en México el ataque es por igual contra hombres y mujeres.

Efectivamente: el 70% de las más de 100, 000 mujeres migrantes y alrededor de 70,000 hombres indocumentados que ingresan cada año en México, padecen algún tipo de abuso sexual según el estudio de la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración y las estadísticas de la red de albergues en todo el país.

“El gobierno ha dicho que ya no hay violaciones, pero es mentira”, afirma el sacerdote Tomás González “Fray Tormenta”, fundador del albergue La72, en Tenosique, Tabasco, una ruta que los “sin papeles” han tomado como alternativa al estado de Chiapas, donde el operativo Frontera Sur arreció la persecución de indocumentados desde que Estados Unidos se quejó del arribo masivo de niños migrantes.

Lo peor de este momento –argumenta- es que si bien hace cinco años cuando abrió el albergue las mujeres se inyectaban anticonceptivos por si acaso las atacaban sexualmente, hoy por hoy no toman absolutamente nada antes de salir de su país.

La Arrocera es reconocida por los crímenes contra migrantes.
La Arrocera es reconocida por los crímenes contra migrantes.

“Lo sé porque tratamos de llevar una estadística y de los ocho casos de violaciones (dos contra varones) que se han presentado en los últimos tres meses ninguna se había inyectado nada porque cada vez vienen de regiones más lejanas y con menos información.”

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Generalmente los pueblos originarios de los migrantes centroamericanos actuales tienen altos índices de pobreza y, según testimonios recabados en los albergues, no tienen dinero para comprar anticonceptivos o inyecciones, es muy caro para ellos.

“Sabemos de casos de mujeres que tomaban píldoras y hormonas desde antes del año 2000 pero los testimonios que yo tengo son otros: ya no lo hacen” afirma el cura González.

“Las mujeres no tienen acceso a educación sexual y se vienen a interedar en el tema hasta que les pasa la violación y después el aborto tampoco es una opción porque sigue siendo un tabú, se sienten estigmatizadas y criminalizadas de tan sólo considerarlo”.

Desde que en el refugio La 72 –que subsiste gracias a las donaciones de la organización alemana Médicos sin Fronteras- se detectó este problema de desinformación, se comenzó a implementar un programa de asistencia con medicamentos y pláticas preventivas para mostrar a las mujeres que no es necesario aceptar una violación sexual como parte de la cuota que las llevará “al otro lado”.

Con los hombres es más complicado: hay que hacerles ver que no pierden la hombría por haber sido atacados sexualmente.

El estudio de la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración que advirtió de un corredor que lleva de Guatemala al estado de Chiapas (Huehuetenango-La Mesilla-Comitán) donde los feminicidios y violaciones son el pan de todos los días, concluye que la implementación del Plan Frontera Sur ha orillado a los migrantes a exponerse más.

“La creciente presencia de autoridades ha forzado a los migrantes a buscar rutas alternas para evadir los puntos de inspección migratorio. Las mujeres, en particular, se enfrentan a múltiples violaciones de sus derechos humanos desde el momento en que salen de sus comunidades”.

TIEMPO ATRÁS

Desde el año 2009, este diario dio cuenta de los altos índices de abuso sexual contra las mujeres migrantes centroamericanas. En ese entonces, se volvió una creencia popular que la mayoría, si no es que todas las mujeres que viajaban en “La Bestia”, serían violadas, ya por los Zetas o por los maras; por la policía, pobladores o compañeros de viaje.

Por eso, para evitar embarazos comenzaron a cargar con condones o a usar anticonceptivos en todo momento.

“Mi estrategia para que los hombres no se metan conmigo es darme a respetar, les hablo poco y de usted, pero eso son precauciones mínimas, sé que poco me serviría si quieren abusar de mi y por eso inyecto”, detalló en ese tiempo la hondureña Patricia Alvarado en la frontera con Guatemala, poco antes de llegar al paraje conocido como La Arrocera.

Una familia integrada por padre e hijos en La Arrocera azotó durante dos años a todas las mujeres que cruzaban el camino hasta 2011, cuando la fiscalía detuvo a todos los integrantes, pero al poco tiempo se multiplicaron los grupos de violadores en diversas regiones de los estados del sur y algunos solitarios hacia el norte que siguen sin control.