Los visitantes de Tijuana cambiaron de migrantes a deportados

Desde la década de los 90 los polleros ya no usan Tijuana para el cruce a EEUU sino las montañas de Tecate y el Valle de Mexicali
Los visitantes de Tijuana cambiaron de migrantes a deportados
 "El sol brilla para todos" se lee en una pared sobre la frontera entre México y Estados Unidos en Tijuana. /Aurelia Ventura
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

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TIJUANA, México.- A la frontera de Tijuana solían llegar miles de migrantes que procedentes del sur arribaban con la determinación de cruzar hacia Estados Unidos.  Muchos de ellos se quedaban y así fue como creció esta ciudad.

Ahora quienes suelen llegar, también por miles cada año, son los que vienen deportados del norte.

Aquí los migrantes solían contratar el “pollero” que les abría las puertas hacia el sueño americano.

Ahora los que llegan, cargando la pesadilla de la deportación, tienen que decidir entre regresar a su pueblo de origen, quedarse en esta ciudad o arriesgarse a un cruce casi imposible que de manera frecuente termina en secuestro.

Y es que ya son muy pocos los que logran cruzar por esta frontera hacia “el otro lado” debido a todas las medidas de seguridad que desde 1994 se implementaron con la Operación Guardián.

Por ello los “polleros” han explorado rutas de cruce por las montañas de Tecate y el Valle de Mexicali.

Eric Garduño intentó cruzar ilegalmente a EEUU por Mexicali pero fue repatriado al siguiente día por Tijuana. / Jorge Martínez
Eric Garduño intentó cruzar ilegalmente a EEUU por Mexicali pero fue repatriado al siguiente día por Tijuana. / Jorge Martínez

Procedente de Tlataya, en los límites del Estado de México con Guerrero, Eric Garduño llegó a finales de septiembre a Mexicali luego de que sus familiares en Los Ángeles contrataron a “El Picachú”, un hombre que por $6,500 dólares prometió cruzarlo.

Eric y otros cinco indocumentados lograron cruzar por el Canal Todo Americano, en Mexicali, pero la mujer que los recogió en un automóvil iba tan drogada que su errática forma de conducir llamó la atención de la Patrulla Fronteriza y se inició una persecución.

Las tiras de clavos que la Patrulla Fronteriza arrojó en la carretera terminaron con la travesía y todos fueron arrestados. Eric fue repatriado al siguiente día por Tijuana.

Mientras espera instrucciones de sus familiares, Eric se refugia en La Casa del Migrante, un albergue que solía dar atender en su mayoría a migrantes, pero que ahora destina sus recursos para ayudar a los deportados.

“Me dicen que está muy caliente por aquí, que tal vez me tenga que ir a Ciudad Acuña (Coahuila) o a Nogales (Sonora)”, dice este joven de 24 años que salió del pueblo donde en junio de 2014 se registró la masacre de 22 personas.

“Allá hay mucha delincuencia, a cada rato levantan y matan a gente, muchos prefieren huir del peligro, porque los narcos les quitan las tierras y sus casas”, comenta Eric.

En esa región, cuenta el joven, se disputan el tráfico de droga los grupos delictivos conocidos como La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y Guerreros Unidos, quienes además cobran cuotas a los comerciantes.

“Es difícil vivir allá, por eso me vine”, dice Eric. “Ni siquiera se puede poner un negocio, porque no es justo que alguien se parta en la madre trabajando para que otros nada más lleguen a cobrar su cuota”.

Un hombre no identificado se afeita en el albergue para indigentes Casa Refugio Elvira en Tijuana. /EFE
Un hombre no identificado se afeita en el albergue para indigentes Casa Refugio Elvira en Tijuana. /EFE

A rifársela en Tijuana

Marco, Jorge y Carlos son tres de los más de 200 deportados que a diario llegan a Tijuana.

Como no tienen dinero para contratar un “pollero” y tampoco tienen intenciones de regresar a sus pueblos de origen, dicen que van a intentar salir adelante en esta ciudad.

“Aquí hay trabajo, hay muchas fábricas, allá no hay nada qué hacer, por eso mejor le voy a rifar aquí”, dice Marco, de 34 años de edad y originario de Michoacán.

Jorge, veracruzano de 37 años, dice que el problema es que tanto la gente como la policía los ven como malhechores por el hecho de haber sido deportados.

“También es difícil si no tienes identificación, porque la policía a cada rato nos anda levantando”, agrega Carlos, de 40 años, también veracruzano.

“Pero aunque nos vean como delincuentes”, recalca Marco, “aunque nos rechacen, nos la vamos a rifar”.

063Marco, Jorge y Carlos (piden no usemos su apellido) son tres de los más de 200 deportados que a diario llegan a Tijuana. / Jorge Morales

* Quinta y última parte de una serie especial