Editorial: La pena de muerte en California

Una nueva droga mortal llega a un estado dividido por la pena capital
Editorial: La pena de muerte en California
Foto: Archivo

California ya tiene una nueva droga para matar de una manera “humana y digna” a los 749  condenados a muerte que aguardan una inyección mortal. El anuncio oficial supuestamente permite la reanudación de las ejecuciones al cumplir las exigencias judiciales después de 10 años de haber determinado que la combinación anterior de tres drogas utilizadas era inhumana y dolorosa.

Esperamos que esto no sea así. Todavía falta un periodo largo de comentario público sobre el sistema dado a conocer el viernes pasado, seguramente también habrá una avalancha de juicios en donde se discutirá las virtudes y defectos de la droga. Aunque la cuestión no es retrasar la implementación sino cambiar la ley que permite este castigo aberrante.

El debate sobre la pena de muerte tiene divididos a los californianos. Los votantes rechazaron la Proposición 34 de 2012 que prohibía las ejecuciones por un margen de 52% a 48%. Hoy están circulando en busca de firmas dos medidas al respecto. Una de ellas vuelve a querer prohibirla,  mientras que la segunda, que está respalda por una coalición de víctimas del crimen quiere acelerar las ejecuciones estableciendo plazos más cortos en las apelaciones.

Nos preocupa el que se quiera limitar el tiempo que tienen un condenado a muerte para apelar la sentencia. El sistema judicial de California tiene serios problemas y no es lo suficientemente confiable como para aplicar un castigo irreversible como este. Son numerosos los casos en que las acciones deshonestas de los fiscales en el manejo de evidencia y testigos condujeron a largas condenas de personas inocentes, que luego fueron liberados al verse el error. No hay corrección posible con la pena de muerte.

Por otro lado, el argumento de que es un castigo disuasivo tampoco ha sido demostrado. Suena lógico pensar que la posibilidad de la muerte haga pensar dos veces a un criminal, pero no hay nada en el mundo real que lo confirme.

Quizás el hecho que es más barato tener una persona en cadena perpetua que ejecutarlo, por el costo legal, convenza a más gente para estar en contra de la pena de muerte. Aunque ahora con la nueva droga estamos más cerca de matar presos que de prohibirlo.