Editorial: Una industria fuera de todo control

La falta de regulación de los precios de las medicinas perjudican a todos
Editorial: Una industria fuera de todo control

La falta de regulación en los precios de las medicinas es uno de los responsables del elevado costo de la atención médica. La industria farmacéutica puede cobrar lo quiera en Estados Unidos a diferencia del resto del mundo, perjudicando al consumidor estadounidense que queda indefenso ante los altísimos precios.

Hace unos días reportamos la dificultades de los pacientes para obtener medicinas como Humira para la artritis reumatoide, entre otros, y Sovaldi para la hepatitis C. Estas dos medicinas son un ejemplo de la manera en que se maneja la industria. Por ejemplo, la patente de Humira -que le permite no tener competencia- está extendida posiblemente hasta 2022, cuando estaría por vencer pronto,  gracias a combinaciones de patentes cuyo único propósito es mantener su monopolio. Mientras que el tratamiento de Sovaldi se vende en Estados Unidos en 84 mil dólares, en Europa considerablemente menos y en India está a 1,000 dólares.

La industria dice que necesita recuperar su inversión en investigación cobrándole a los estadounidenses precios exorbitantes. En realidad, el mayor costo  está en el mercadeo y las ventas. La investigación de gran parte de las medicinas comienzan con subsidios públicos a universidades o centros de investigación, en algunos casos a laboratorios pequeños. Las farmacéuticas grandes luego compran las licencias y le venden al mismo público que pagó el subsidio, las medicinas a precios escalofriantes.

El problema es que no hay un precio establecido para las medicinas, sino que son negociados de acuerdo al cliente y la situación específica. De esta manera las farmacéuticas cobran lo que quieran y determinan de acuerdo a sus proyecciones de ganancias cuánto debe costar una cura de la hepatitis C, y si la necesidad es grande el mercado lo acepta. En muchos casos, la industria tienen sus farmacias para promover sus medicinas aunque sean más caras que otras.

Esto ocurre debido al respaldo político a una de las industrias que más dinero gasta en cabilderos y donaciones. Esto permitió que en la reforma de Medicare de 2003 se haya prohibido al gobierno que negocie reducciones de precios -ya que compra en volumen- con las farmacéuticas como lo hace con Medicaid.

Mientras no haya voluntad política para regular los precios de las medicinas, los altos costos seguirán dañando al consumidor y a las arcas del gobierno.