Esperó dos décadas para obtener el certificado de ciudadanía de su país

Joven inmigrante que recién se naturalizó quiere defender a los inmigrantes indocumentados

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Brenda Ayón supo lo que significaba ser indocumentada cuando estaba en la preparatoria. Tenía cuatro años cuando cruzó ilegalmente la frontera y dejó atrás su querido estado de Durango.

“Antes entendía que no podía salir del país para ir de vacaciones pero creía que era porque no teníamos recursos”, cuenta la hija de dos inmigrantes que un tiempo labraron las tierras del Valle de Coachella.

Finalmente, en marzo de 2010, 16 años después de vivir en las sombras y después de haber cursado la Universidad de California en Irvine (UCI) como “soñadora”, el gobierno de Estados Unidos le otorgó la residencia legal, la cual solicitó a través de su hermano y después de sus padres.

En abril de 2015, apenas se cumplió el período mínimo de cinco años para tramitar la ciudadanía, Ayón lo hizo sin pensarlo. El pasado 14 de octubre acudió orgullosa a su ceremonia de naturalización en el Centro de Convenciones de Los Ángeles. Su proceso sólo duró un par de meses.

Brenda Ayón
Brenda Ayón

“Fue muy bello poder decirle a mi familia y a toda la comunidad que me ha apoyado que esto ha valido la pena y que ahora soy parte de este gran país”, dice Ayón, de 25 años.

Ella estudia el tercer grado de la carrera de leyes en Loyola Law School y planea graduarse en mayo.

Siendo una abogada, dice, tendrá la oportunidad de ayudar a los indocumentados, como lo ha hecho siendo voluntaria de la Clínica de Justicia para Inmigrantes de Loyola (LIJC) en los últimos años.

“Por eso decidí ser abogada y por esa misma razón se me hizo un desperdicio no ser ciudadana”, señala.

“Después de haberme esforzado y sacrificado tanto es importante ser la voz de alguien mediante las leyes, pero es más importante estar protegido por esas leyes con las que los defiendes”, reflexiona.

En la adolescencia, Ayón acompañó a sus padres a cosechar dátiles en el Valle de Coachella y la recuerda como el trabajo más duro de su vida. Ahora, por la naturalización, su horizonte laboral es “ilimitado”.

“Puedo buscar un trabajo de gobierno, que es algo que me interesa bastante porque las leyes mueven a las comunidades. Es impactante ser parte de ese proceso también, no sólo como abogado”, señala.

Aunque siguen amparados por la Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA), el futuro de los “soñadores” es incierto sobre todo por la retórica antiinmigrante en esta campaña presidencial.

Ayón ya obtuvo un estatus migratorio, pero no se olvida de los “dreamers”, ni de los millones de indocumentados que viven en este país. A través del sufragio hablará y abogará por ellos, dice.

“Es importante ser una voz de la comunidad mediante el voto”.