¿Qué hacer con la molesta punzada que se produce durante el ejercicio?

No se sabe bien de dónde viene, pero de que lo hemos sentido, lo hemos sentido
¿Qué hacer con la molesta punzada que se produce durante el ejercicio?
Foto: Shutterstock

Es un dolor agudo, punzante. Se trata de ignorar, pero en la mayoría de los casos es imposible. Es tan intenso que el cuerpo se contorsiona y es tan común que la mayoría de las personas lo ha padecido en algún momento de sus vidas.

Se trata del dolor de bazo o flato, que se conoce en el mundo científico como el dolor abdominal transitorio relacionado al ejercicio.

Esta molestia suele aparecer en un costado del cuerpo cuando se hace cierto tipo de actividad física, por lo general con un alto grado de intensidad, y para muchos corredores termina siendo su perdición. Pero todavía no se sabe a ciencia cierta qué lo origina.

Existen varias teorías al respecto de su origen“, le dice a BBC Mundo la doctora Ximena Muñoz, nutrióloga y especialista en Medicina del Deporte de Clínica MEDS, en Chile. “Una es que se produce una redistribución del flujo sanguíneo durante el ejercicio y esto genera una distención aguda de la cápsula del hígado o bazo y esto causa dolor”, explicó.

El problema es que esta hipótesis choca con las conclusiones de diversos estudios en los que se ha demostrado que “el flujo sanguíneo en los órganos del abdomen se reduce durante el ejercicio y por ende no se puede explicar completamente una dilatación de esos órganos”.

Es aquí donde surge la segunda teoría, que habla de la irritación del diafragma. Es en la que coinciden la mayoría de los científicos, pero todavía no hay pruebas definitivas.

El diafragma es un músculo que separa la cavidad abdominal, donde se ubica el estómago, y la caja torácica, donde se encuentra el corazón y pulmones.

Al haber un menor flujo de sangre por esta zona, debido a la succión que demandan los músculos en las extremidades que están siendo sometidas al esfuerzo físico, es posible que se produzca una inflamación de los ligamentos y se generen calambres.

Hay además una tercera hipótesis, que tiene que ver con los jugos gástricos: dependiendo de la intensidad a la que estén trabajando, estos puede causar un estiramiento de los ligamentos y una sobrecarga en el diafragma.

¿Cómo aliviar el dolor?

La doctora Muñoz explica que para poder combatir las molestias “lo ideal es que al primer signo de dolor disminuya la intensidad del ejercicio“.

“También se puede contraer los músculos abdominales y respirar con menos frecuencia pero de manera más profunda, exhalando forzadamente, varias veces seguidas. Si ve que el dolor o molestia no disminuye, lo mejor es detener el ejercicio y caminar despacio por unos minutos”.

En caso que el dolor persista se puede detener la actividad para estirar el abdomen y presionar la zona donde se intensifica el dolor o cambiar el ritmo de respiración, optando por una más abdominal, aunque estos métodos son soluciones más temporales que permanentes.

Sugerencias para evitarlo

Aunque el dolor de bazo no es algo exclusivo de los deportistas casuales, está claro que a medida que las personas van mejorando su condición física al incrementar su frecuencia de entrenamiento, las probabilidades de sufrir de una punzada en el abdomen se reducen.

Para la especialista en Medicina del Deporte de Clínica MEDS es recomendable seguir una serie de sugerencias para tratar de evitar que aparezca este dolor, teniendo en cuenta que su causa puede ser una mezcla entre todas las teorías mencionadas anteriormente:

  • Hay que tratar de fortalecer lo más posible los músculos del abdomen y toda la zona del core.
  • Aunque no es recomendable hacer ejercicio con el estómago vacío, hay que tratar de evitar tener mucho alimento o líquidos ya que esa zona aumentaría de peso y dificultaría el proceso de respiración, poniendo mayor tensión en los ligamentos relacionados.
  • También es importante el tipo de alimentos que se ingiere para facilitar la digestión.
  • Es importante aprender a respirar durante su actividad física y poner atención al ritmo para reducir el dolor dependiendo del costado en el que se produce, incorporando ciclos de respiración profundos.
  • Mejorar la postura para evitar que haya un exceso de contracción entre el abdomen y la caja torácica.