Editorial: La encrucijada republicana

No se puede ser una agrupación abierta con las posturas extremistas que asumen sus candidatos

Ya no basta con perseguir, encerrar y deportar a los inmigrantes indocumentados, ahora  hay una propuesta de pena de muerte para los convictos de felonías deportados que reingresan al país. El Partido Republicano hizo lo correcto al poner rápidamente distancia de la estrategia delineada por el senador estatal Mark Chelgren de Iowa, quien se está postulando para un escaño en la Cámara de Representantes. El problema es como poner distancia de un electorado que respalda posturas racistas y autoritarias que rozan con el fascismo cuando se necesita de él para ganar una elección.

Bienvenidos al ciclo político de Donald Trump.

La propuesta de Chelgren sobre inmigración es brutal e impensable sino fuera por el universo creado durante años de discursos anti-inmigrantes en donde los jóvenes “soñadores” graduados de una universidad caen la misma bolsa que los malvivientes. El discurso de este candidato está calibrado y en línea para unirse al mensaje de Trump y al del senador Ted Cruz que hacen lo posible para exprimir un resentimiento latente que se libera culpando a los inmigrantes de todos los males.

Trump lo hace en los mítines, Cruz llevó la retórica al Senado tal como lo demostró hace unos días en audiencia sobre inmigración. La respuesta de la directora Sarah Saldaña a Cruz, “¿Lo dice en serio esta pregunta?”, resume el tono del senador que usó la sesión para juegos de palabras y promover su candidatura.

El discurso incendiario anti-inmigrante, como el de Trump con su detallada descripción de violaciones y asesinatos cometidos por indocumentados, toca las frustraciones de un sector blanco, con baja educación formal, que se ve excluido de un mundo tecnológico y global que lo ha dejado fuera de las oportunidades que una vez tuvieron sus padres. Los demagogos prefieren atizar a este electorado culpando a minorías e inmigrantes de estos males que hablar de un mundo cambiante. Trump ha demostrado con su popularidad que para esta base política no hay límites para el odio y el resentimiento.

Ese es un problema serio para el Partido Republicano que va mucho más lejos que el discurso de un candidato llámese Trump o Chelgren. Eventualmente puede marcar el futuro de la agrupación como representante de una visión conservadora moderna o de un populismo resentido con tendencias fascistas.

Ellos deben decidir esta encrucijada porque no se puede ser ambos al mismo tiempo.