La campaña del insulto

Donald Trump ha sido extremadamente exitoso hasta ahora utilizando el insulto y el ataque personal para atraer apoyo de un sector "enojado" de la sociedad. Pero no es ni remotamente el primer estadounidense en hacer campañas sucias.
La campaña del insulto
Foto: Archivo

En un país que tiene una larga historia de campañas sucias con ataques personales, Donald Trump parece haber elevado a la categoría de arte el uso del insulto y el ataque personal, que no sólo lleva a cabo directamente, sin intermediarios, sino que parece impulsarlo constantemente a mayores niveles de popularidad.

Tan sólo el día de hoy miércoles, Trump emitió por su cuenta de Twitter los siguientes apelativos: La canciller alemana Angela Merkel está “arruinando” a Alemania (y le ganó al convertirse en Persona del Año en la revista Time). Hillary Clinton no tiene la “fuerza ni la resistencia” para ser presidente y además es “corrupta”. El alcalde de Filadelfia es un “tosco imbécil” y los que no piensan como el son “personas tontas”.

Todos recordarán cual fue el lanzamiento de su campaña: “los mexicanos envían a su peor gente, a sus delincuentes y narcotraficantes, no envían a los mejores, sino a los peores”.  Trump emite constantemente el adjetivo “asqueroso” (disgusting) para referirse a cualquiera que incurra su ira, como por ejemplo, los activistas de Black Lives Matter o los activistas proinmigrantes.

A diferencia de otros candidatos presidenciales en el pasado, el uso del insulto y el ataque personal es una estrategia que en sí misma le ha servido a Trump para ganar popularidad, creando la imagen de alguien “que es diferente a todos los demás”.  Generalmente, en otros casos, el uso de campañas sucias no sirven para elevar a quienes las usan, sino para disminuir o definir a los candidatos contrarios.

Y rara vez el arma sucia es utilizada por el candidato directamente, sino que la aplican sus campañas o asociados.

“Buena parte del atractivo de Trump es su voluntad de decir lo que otros candidatos no dirán”, dijo Donathan Brown, profesor de Comunicación de Ithaca College, en Nueva York. “Hay un creciente grupo de estadounidenses que piensa que los políticos siempre están controlando lo que dicen y nunca hablan con honestidad. En este caso, Trump usa un lenguaje juvenil, como de patio de escuela y con esto atrae a los ciudadanos enojados, racistas y nativistas”.

Si el estilo de Trump representa “honestidad”, es otra cuestión. Lo que si canaliza es el enojo y el miedo de muchos estadounidenses ante muchos cambios que están ocurriendo en el país, agregó Brown. No es el primero en hacerlo, sin embargo.

“Este tema se ha repetido en la historia estadounidense y muchos estadounidenses de minorías han sido objeto de ellos, sean judíos, negros, asiáticos, latinos, irlandeses y muchos otros. No hace mucho que republicanos como Ronald Reagan o George Bush el padre usaban imágenes como la “reina del welfare” o el delincuente negro “Willie Horton” para remover el racismo y la paranoia”.

Las elecciones sucias son tan “Americanas” como la tarta de manzana

Una de las primeras elecciones que se realizaron en Estados Unidos está entre las más “amargas y sucias” de la historia: la elección de 1800 entre los dos partidos del momento, los “Federalistas” y los “Demócratas-Republicanos”, predecesor de los republicanos modernos.

Esta fue una campaña en la que los ataques personales y las acusaciones sin base imperaron. Unos acusaron a otros de querer arruinar al país, los otros respondieron argumentando que “no tenían valores”.

Varios años después, la rivalidad creada entre dos de los varios protagonistas de esa elección: el ex secretario del Tesoro Alexander Hamilton y el vicepresidente Aaron Burr terminó con un duelo entre ambos y el asesinato de Hamilton, que arruinó además  la carrera política de Burr.

“Así empezó nuestro país”, indicó David O’Connell, politólogo de Dickinson College, de Carlyle Pennsylvania. “Con esto quiero decir que en muchos momentos de nuestra historia hemos visto campañas tan repelentes como la de Donald Trump”.

Pero Trump si está haciendo algo nuevo, señala O´Connell: los ataques los hace directamente, sin filtro o intermediario, por medio de sus cuentas de twitter, lo que luego prolonga el mensaje porque los medios cubren lo que dijo y que sus seguidores ya escucharon.

“Creo que él lleva las campañas sucias a otro nivel. Recordemos sin embargo otras campañas, como la que llevaron a cabo personeros de George W. Bush contra John McCain en 2000 dentro de la primaria republicana, cuando circularon rumores de que había tenido un hijo ilegítimo de raza mixta, justo antes de las elecciones de Carolina del Sur, donde históricamente han imperando los sentimientos racistas”, dijo O´Connell.

No obstante, algunos expertos ven en Trump un nivel “más bajo que nunca”.

“Es un nivel muy bajo, pero en parte es su estilo y es lo que le ha funcionado. Parece no estar dictado por una estrategia en particular, sino que se lanza automáticamente en cualquier momento contra cualquiera”, dijo el catedrático Kirby Goidel, profesor del Departamento de Comunicación de Texas A&M University. “Pero en realidad, yo creo que él si ha pensado mucho algunas de las cosas que dice, no es tan espontáneo como parece. Y no parece importarle lo que los demás piensen. A la gente le gusta eso”.