“No sé si soy migrante porque no tengo papeles”

El ejército guatemalteco le quemó sus documentos; ahora es ciudadana mexicana
“No sé si soy migrante porque no tengo papeles”
Amalia Manuel, junto a su esposo Gaspar Félix, durante la entrega del premio en Ciudad de México.

MÉXICO

Amalia Manuel Pedro siempre quiso ser mexicana porque aquí encontró un pedazo de tierra cuando el ejército de Guatemala acusó de guerrilleros a los pobladores de Ojo de Agua, una pequeña aldea por donde cruza un río en el departamento de Huhuetenango. Y comenzó a matarlos.

Era 1981. Ella tenía sólo cinco años y su familia huyó junto con otras 20. De un día para otro cruzaron la frontera y comenzaron a vivir debajo de los árboles de la selva chiapaneca  hasta que un año después los soldados guatemaltecos volvieron a atacarlos.

“Se metieron a México y asesinaron a siete ahí mismo dónde estábamos”, recuerda Amalia, ganadora del segundo lugar en la categoría video en el concurso  “Mujer Migrante, cuéntame tu historia”, organizado por el Instituto Nacional para las Mujeres.

Esta indígena acateumaya conquistó al jurado por la sinceridad de sus palabras frente a la cámara para pedir una identidad, un documento, cualquier papel para ser persona porque legalmente no existía: el ejercito guatemalteco quemó en su momento el registro civil de Ojo de Agua.

“Yo no sé si soy mujer migrante porque no tengo papeles ni en Guatemala ni aquí”, narró en la filmación que le valió el galardón y la ciudadanía mexicana como refugiada que le entregó la canciller, Claudia Ruíz, durante la ceremonia de premiación celebrada el lunes.

“Estoy feliz, pero faltan otras 26 personas que vivieron lo mismo que yo”, dice en entrevista con este diario sobre sus compañeros que esperan ser reconocidos  como mexicanos después de dar a luz a hijos en este país y fundar la comunidad de La Gloria, en el municipio de Trinitaria, Chiapas, donde finalmente se establecieron.

Empezaron poco a poco a construir sus chozas en un desolado paisaje y actualmente el poblado tiene 3,000 habitantes, una primaria, una secundaria y hasta bachilleres: es una población formal, reconocida por el Instituto Nacional de Geografía aunque todavía sus fundadores son acosados por las autoridades migratorias en los retenes por no tener su carta de naturalización.

“El problema es el dinero: no tienen para pagarla”, lamenta Gaspar Félix, esposo de Amalia que a ratos la ayuda como intérprete, cuando ella se enreda con el español. “La carta de naturalización cuesta 4,400 pesos (unos 350 dólares), pero nada más no pueden juntarlos aunque quieren ser mexicanos”.