Frutas con sabor oaxaqueño

Inmigrante latina comparte su experiencia como comerciante
Frutas con sabor oaxaqueño
Sánchez y sus cuatro hijos: Pedro, Erick, David y Marcos. Los niños acompañaban a sus padres cuando eran pequeños.

Irma Sánchez siempre quiso tener negocio propio.

De pequeña, en su Oaxaca natal, pensaba en posibles negocios para ayudar a su familia. Su primer emprendimiento comercial fue a los 14 años, inspirada en el trabajo de su padre.

“Mi papá trabajaba muy bien el puerco y lo convencí de empezar un negocio de tocinero”, contó. “Como mi mamá no sabía leer y no podía sacar cuentas, yo me hice cargo de los despachos. El primer día, empezamos con un puerco y terminamos vendiendo todo”, recordó.

Por años, Sánchez trabajó con su familia, hasta que en 1993, decidió dejar Oaxaca, para encontrarse con su novio, Pedro Cruz, quien desde 1987 la esperaba en EEUU. Cruz es su actual esposo y padre de sus cuatro hijos.

“Llegué a Los Ángeles en 1993, a los 23 años. Pedro trabajaba en un restaurante y yo me quedaba en el departamentito. Pero yo venía de trabajar todo el día en el negocio de tocinero en Oaxaca y me desesperaba estar todo el día encerrada”, contó.

Fue entonces cuando a Cruz se le ocurrió la idea de empezar un negocio.

“Vimos una camioneta que vendía frutas y él me preguntó si me animaba. Yo no manejaba ni sabía hablar inglés, pero me gustó la idea”, contó. La pareja compró su primera camioneta a la que Cruz le agregó una caja atrás, y le perforó una puerta a un lado.

Los comienzos no fueron fáciles, pero la pareja nunca se dio por vencida, transformando cada experiencia en una nueva lección. Entre otras cosas, la pareja  tuvo que aprender dónde comprar la mercancía, y en qué calles estacionarse para vender. Cada día comenzaba a las 5:00 a.m., surtiendo la camioneta, y seguía recorriendo las calles de Hollywood, buscando un lugar dónde parquear.

Una vez estacionados, Cruz se iba a trabajar al restaurant, y Sánchez se quedaba en la camioneta hasta después de las 5:00 p.m. cuando él regresaba del trabajo y le traía algo para comer. Entonces la pareja manejaba otro par de horas, tratando de vender un poco más.

“Trataba de no comer ni tomar nada en todo el día, para no tener que ir al baño”, recordó Sánchez. Cuando tenía que mover la camioneta de lugar, Irma les pedía a los vecinos si le podían estacionar el vehículo en otro sitio.

“Me pasaba todo el día y quizás me compraban sólo dos personas. La mercancía se nos echaba a perder. Y si llovía, la troca se llenaba de agua”, confesó. “Fueron tiempos difíciles, pero volvería a hacerlo todo otra vez”, señaló Sánchez”.

Con los meses, Irma comenzó a ver los frutos de su sacrificio. De ganar $7 dólares al día, la pareja pasó a facturar $800 dólares diarios. En pocos años, tenían cuatro camionetas, con sus respectivos empleados.

Pero la venta ambulante no era fácil, Sánchez contó que llegaban inspectores y policías con frecuencia, y que algunos managers de apartamentos les decían que saquen la troca del lugar. También pasaban otros vendedores ambulantes que amenzaban a Cruz con pegarle si se quedaba en el área, y trataban de boicotearles las ventas.

Fue entonces que la pareja decidió alquilar su primer local en el bulevar Santa Mónica, en Hollywood. Este fue el nacimiento de La Oaxaqueña Juices, una tienda de jugos y licuados naturales, y la primera de otras dos tiendas, que llegarían con los años.

“Yo creo que uno ya nace con la inclinación para ser negociante. Somos personas que nos gusta la independencia, que queremos trabajar para nosotros mismos”, opinó Irma. “Hay quienes vienen al negocio y me dicen, ‘Tener un negocio es un martirio. Yo tenía una tienda y la vendí’, pero yo no lo veo así”, agregó.

Según Irma, para triunfar, hay que sentir amor por lo que uno hace. También recomendó tener paciencia, saber esperar y entender que las ganancias no llegarán del día a la noche.

“Yo todavía siento el mismo amor de cuándo empecé. Después de tantos años, todavía no me aburro. Mi trabajo y mis clientes me hacen feliz”, concluyó.