Las posadas y pastorelas son tradiciones que traspasan fronteras

Familias latinas enseñan a sus hijos nacidos en Estados Unidos la importancia de mantener vivas sus tradiciones religiosas
Las posadas y pastorelas son tradiciones que traspasan fronteras
Juan Pablo Ricart, de 10 años de edad, (izq.) es “San José; su hermana Jazmín, de 5 años es la “Virgen María” y Nicholas Rochester, de 8, “Melchor”, uno de los “Tres Reyes Magos”, durante una celebración de Las Posadas, el fin de semana en la iglesia St. Anthony, en Sur San Gabriel. /Jorge Luis Macías

 “En nombre del cielo os pido posada, pues no puede andar mi esposa amada”. Ese es el villancico que comienza a entonar un grupo de “peregrinos”, afuera de la cafetería de la Iglesia St. Anthony, en la ciudad de San Gabriel.

Adentro, otros responden con la estrofa: “Aquí no es mesón sigan adelante, yo no puedo abrir no sea algún tunante (bribón)”.

Son hombres y mujeres adultos, -mexicanos y salvadoreños en su mayoría- jóvenes y niños que, en Estados Unidos mantienen viva la tradición de las posadas, una celebración del culto católico previa a la Navidad.

Juan Pablo Ricart, de 10 años de edad, disfruta que su madre Carol lo vista como “San José”. Su hermana Jazmín, de 5 años, participa como la “Virgen María” y Nicholas Rochester, de 8, es “Melchor”, uno de los “Tres Reyes Magos”.

“Mi mamá me ha dicho que debemos preparar el corazón para la venida del niño Dios”, dijo Juan Pablo. “A mí me gusta porque todos los demás niños también se disfrazan de pastorcitos”.

Carol Ricart, inmigrante originaria de San Salvador, afirmó que pretende que sus hijos entiendan el significado religioso de las posadas.

“En mi país, en la iglesia y en las casas, los niños y sus padres pedían posada en los barrios cantando baladas de Dios (villancicos), leyendo la Palabra de Dios y rezando el rosario”, dice. “A diferencia de los mexicanos, allá al final no se rompe una piñata”.

Romper la piñata es una de las tradiciones favoritas de los pequeños, durante la celebración de las posadas y pastorelas. / Jorge Luis Macías
Romper la piñata es una de las tradiciones favoritas de los pequeños, durante la celebración de las posadas y pastorelas. / Jorge Luis Macías

Tradición internacional

Además del sentido religioso de las posadas, las actividades de grandes y chicos se convierten en verbenas populares y se celebran principalmente en países como México, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Venezuela.

Las posadas, que consisten en un novenario de rosarios, se celebran del 16 al 24 de diciembre, en la víspera del nacimiento del niño Jesús.

El significado de la tradición rememora el viaje de la Sagrada Familia desde su éxodo desde Galilea hasta Belén, donde buscan refugio para esperar el nacimiento del niño Dios.

“Esta linda tradición nos lleva directamente a Belén, con toda la esperanza y el miedo de la pareja de María y José, a fin de dar la bienvenida a una nueva vida y a la alegría del nacimiento del nuevo salvador”, expresó el sacerdote Austin Doran, párroco de St. Anthony. “Las posadas son una extensión de la Navidad, una época para entender y conocer en nuestros corazones el misterio de la Encarnación”.

La pastorela es teatro, fe y diversión. La llamada “Adoración de los Reyes Magos” fue ideada por Fray Andrés de Olmos. Esta puede ser considerada la primera pastorela navideña en México. / Jorge Luis Macías
La pastorela es teatro, fe y diversión. La llamada “Adoración de los Reyes Magos” fue ideada por Fray Andrés de Olmos. Esta puede ser considerada la primera pastorela navideña en México. / Jorge Luis Macías

El origen de las posadas se remonta a los primeros evangelizadores del continente americano. Fue el fraile Diego Soria quien, en 1587, obtuvo del Papa Sixto V las indulgencias para realización de las nueve misas de aguinaldo, anteriores a la Navidad.

“Mi esposa es María. Es Reina del cielo y madre a va a ser del Divino Verbo”, cantan los “peregrinos”. Y quienes no querían darles posada, responden: ¿Eres tú José? ¿Tu esposa es María? Entren, peregrinos. No los conocía”.

Al final, los peregrinos reciben un rincón en la morada pobre, dada de corazón y todos cantan con alegría al considerar que José y María los fueron a honrar con su presencia.

Posadas y Pastorelas

“Las posadas me recuerdan aquellas reuniones de la comunidad en la Iglesia de mi ciudad”, recordó Enrique Campos, de 63 años de edad y oriundo de Puebla. “Nos hacían rezar un rato y al final lo que más me gustaba era cuando rompíamos la piñata y recibíamos los aguinaldos”.

En México, cada uno de los nueve días de las posadas tiene un distinto significado: humildad, fortaleza, desapego, caridad, confianza, justicia, pureza, alegría y generosidad.

“Nuestras tradiciones son hermosas”, comentó Socorro Batanero, residente de Monterey Park. “Para nosotros, como católicos, lo más importante es el evangelio que proclama el nacimiento de Jesús y de que todos somos parte del plan misericordioso de Dios”.

Las pastorelas, en cambio son una representación teatral del nacimiento de Jesús, la llegada de los Reyes Magos para adorarle y la lucha continua entre el bien y el mal, la cual es representada por ángeles y demonios.

“Se llaman pastorelas, porque los actores son unos pastores que luchan contra las tentaciones del demonio, mientras buscan a Jesús, que ha nacido en un pesebre de Belén”, dijo Eva Monroy, feligrés de la iglesia St. Anthony e intérprete del papel de la Virgen María. “Lo hacemos para que nuestros niños entiendan sobre el nacimiento del niño Dios se sepan que nació en un pesebre y que le deben llevar a él sus oraciones y un corazón sencillo y humilde en el mundo materialista que vivimos”.

La lucha del bien y del mal, son representados en la pastorela: el demonio y la mujer que interpreta a "la lujuria", frente a los hombres de bien y ángeles de Dios. Al final, vence el bien y Lucifer es derrotado por el arcángel San Miguel. / Jorge Luis Macías
La lucha del bien y del mal, son representados en la pastorela: el demonio y la mujer que interpreta a “la lujuria”, frente a los hombres de bien y ángeles de Dios. Al final, vence el bien y Lucifer es derrotado por el arcángel San Miguel. / Jorge Luis Macías

Significado de la piñata

El sacerdote Salvador Gómez, narra que la tradición de romper la piñata durante las posadas era para enseñar a los indígenas aztecas los principios cristianos.

“La olla de barro se rellena de dulces y frutas”, dijo. “Y se adorna con siete picos que representan los siete pecados capitales: lujuria, envidia, gula, avaricia, soberbia, pereza e ira”.

Romper la piñata con un palo, con los ojos vendados, simboliza la “fe ciega” en Dios por romper con el mal; los dulces y frutas representan la caída de las gracias y bendiciones que Dios otorga a quienes creen en él, cuando luchan contra el mal.