La zozobra no acaba para madre e hijo, liberado tras 16 años preso por una convicción errónea

Juez de inmigración pospone decisión de otorgar o no una fianza para Luis Lorenzo Vargas, un hombre que fue exonerado después de purgar 16 años en la cárcel por un crimen que no cometió y quien ahora se encuentra al borde de la deportación

Abogados del Proyecto de Inocentes de California (California Innocence Project, CIP) sometieron una moción de fianza a favor de Luis Lorenzo Vargas, quien está sujeto a deportación.

El hombre nacido en Tijuana, Baja California, purgó 16 años de cárcel y fue liberado el pasado 23 de noviembre tras ser identificado erróneamente como “El Violador de la Lágrima” que atacó a más de 30 mujeres en la década de 1990 en Los Ángeles.

“El juez no tiene jurisdicción sobre [otorgar o no] la fianza”, dijo el abogado defensor, Jamahl Karsey, a La Opinión. Se ha programado una nueva audiencia para el próximo 3 de marzo.

Alex Simpson, otro abogado de CIP, declaró que “solamente se necesita más tiempo para sacarlo de custodia [liberarlo]”.

“Desafortunadamente no puedo hablar más del caso por inmigración [sic]”, expresó Simpson. “La situación es delicada y no podemos responder preguntas”.

Vargas, de 46 años de edad, se encuentra recluido en la cárcel de inmigración en la ciudad de Santa Ana.

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En 1999 fue sentenciado a 55 años de prisión por supuestamente haber violado a una niña de 15 años y atacar a otras dos mujeres.

Tres presuntas víctimas lo identificaron erróneamente como “El Violador de la Lágrima”.

Sin embargo, gracias a pruebas de ADN lo exculparon de cualquier delito y el juez William C. Ryan emitió su declaración de inocencia, aunque de inmediato pasó a custodia de las autoridades de migración.

A Vargas se le despojó de su estatus de residente permanente por tener una condena de tres años de cárcel por una violación cometida en 1992. Un juez de la Oficina Ejecutiva para Revisión de Inmigración (EOIR) ordenó su deportación a México en 1994.

De acuerdo los criterios actuales del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Vargas representa una “prioridad” de repatriación.

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En la audiencia pública del viernes, en la oficina local de la Oficina de Inmigración y Ciudadanía (ICE), Vargas volteó la cabeza en varias ocasiones, sonrió e hizo varios guiños a su madre, Blanca Alatorre y a dos parejas de amigos que lo han visitado en prisión desde 1998.

Antes de ser regresado a la cárcel de Santa Ana, y custodiado por un agente, Vargas unió sus manos atadas a las esposas y las colocó en señal de despedida a su madre. Su señal era: “Oren por mí”.