Papeles: First class

No saben los de adelante lo rico que la pasamos los que nos apretujamos en los puestos de atrás
Papeles: First class

Los viajeros frecuentes de la primera clase de los aviones tienen un reinado fugaz porque minutos después del decolaje quedan nivelados con  quienes andamos por el mundo arriando first class. Lejos del suelo todos somos iguales. Solo la burbuja aparte en la que viaja esta inmensa minoría marca la diferencia.

La tripulación se encargará de evitar que posibles miembros del proletariado que viaja a bordo viole su intimidad de oro. Bastará correr una cortina para dejarlos a solas con sus egos.

La aristocracia de adelante se sienta y de una vez se dedica a vaciar el bar y  acabar con las existencias de caviar y langosta. La clase sánduche podrá aspirar a café clarito, o a ron aguado, sin exceso de licor. Si quiere hielo, tendrá que llevarlo.

Los de primera clase han perfeccionado una mirada periférica para eludir el saludo de los conocidos de media petaca que pasan rumbo al frío anonimato  de atrás.

De allí la trascendencia “histórica” del gesto del ministro de hacienda, de Colombia, Mauricio Cárdenas, de mostrar en las redes sociales copia del tiquete en clase económica a Europa.

Lo hizo siguiendo instrucciones del presidente Santos quien ordenó a su equipo reducir los gastos a su máxima expresión debido, entre otros motivos, a la baja en los precios del petróleo.

Ningún otro ministro ha hecha pública su intención de acoger la sugerencia presidencial. Por supuesto, el mandatario no viajará en primera… Lo hará en su avión presidencial donde los mimos son de marca mayor.

Eso sí, es de suponer que el obediente ministro de Hacienda tomará las precauciones para evitar que le toque viajar a Australia o al polo norte al lado de miembros de la oposición.

Poco a poco, el país irá asimilando el magnífico gesto de un funcionario que tendrá que acomodar su descomunal anatomía, lejos de su hábitat, cerca de la gente VIP. Con tal de ahorrar, el egresado de Harvard renuncia a oler Chanel No. 5 para soportar el perfume ordinario de la fea durmiente que el azar le siente al lado. (Aunque de Cárdenas se asegura que se tomó la selfie en clase económica, la difundió por las redes sociales  pero después la tripulación lo invitó a pasar a primera, con los de su cuerda).

Sus interlocutores no serán presidentes de bancos, empresarios estresados con los ojos en la trastienda de tanto buscar el éxito, que le digan Mauricio, sino exhaustos, malhumorados contribuyentes primarios que le reclamarán airados por ahorcarlos con sus medidas económicas.

Ojalá el azar me depare algún día en clase económica la cercanía  de  la canciller o  de la embajadora en Naciones Unidas, bellas de profesión, quienes a lo mejor se inventen algún truco para no imitar a Cárdenas. Como pagar el excedente. Cualquier cosa menos la derrota social de viajar arriando First Class.

No saben los aristócratas de adelante lo rico que la pasamos los descomplicados sujetos que nos apretujamos en los puestos de atrás.