Los votantes de Donald Trump

Los votantes, inclusive aquellos que le han comprado toda esa retórica, deberían de pensarlo bien
Los votantes de Donald Trump

Hay confesiones dolorosas y la que voy a hacer a continuanción  lo es.

Sufro de “Trompotuitosis”. Está dolencia se puede definir como la acción de seguir a Donald Trump en Twitter y de estar pendiente de sus mensajes.
Cuenta la leyenda que este siniestro personaje escribe por si mismo cada uno de sus “Twits”, es decir,  no tiene asistentes para el efecto. Bueno, en realidad eso es notorio por la cantidad de barbaridades que escribe y que un asistente con algo de preparación y sentido común no soltaría.
El candidato puede fácilmente escribir hasta 20 ó 30 mensajes en un día, en el peor de los casos nos deleita con un comentario por hora. El contenido va generalmente de la declaración repetida de como su sola existencia es un regalo para la humanidad, hacia una crítica desbocada y vulgar a todo aquel que ose cuestionarlo. En el camino nos cuenta además cuan injustos son con él los medios de comunicación.
Tan pronto como se conocieron los resultados de las asambleas republicanas en Iowa, volé “virtualmente” a buscar las reacciones del caballero, y me tuvo despierto toda la noche sin dar señales de vida.
Lo que vino al día siguiente fue una voragine de ex abruptos. Nos despertó el morbo tuitero con media docena de mensajes señalando que Cruz había cometido fraude y que el proceso de Iowa debía repetirse.  Pero eso no fue todo, ahora la emprendió también en contra de los votantes, a quienes acusó de no darle suficiente crédito por el mérito de estar financiando su campaña exclusivamente con fondos propios.
Pelear con los rivales es entendible. Repetir 20 veces al día que la prensa es injusta, también. Pero arremeter contra los votantes porque los resultados no lo favorecieron muestra una extraña combinación de arrogancia mezclada con ingenuidad política.
Los desatinos de Trump son innumerables, pero esta falta de madurez y templanza ante un traspié electoral es una prueba más de que no está preparado para afrontar las delicadas responsabilidades que derivan del hecho de ocupar la silla mayor de la oficina oval. Las reacciones viscerales, sin mesura, cargadas de contenido emocional y de poca capacidad reflexiva lo vuelven un aspirante a presidente que de llegar a la Casa Blanca sería una bomba de tiempo que podría explotar en cualquier momento.
Los votantes, inclusive aquellos que le han comprado toda esa retórica incendiaria cargadas de verdades a medias, exageraciones, declaraciones rimbombantes, insultos de todo calibre, y vocabulario vulgar y soez, deberían meditarlo muy bien. Al fin y al cabo, lo que está en juego es la paz y la estabilidad de la nación más poderosa del mundo, y esa posición no puede caer en las manos de un personaje atolondrado, irreflexivo, impulsivo, con la piel muy fina, y carente de toda prudencia y auto control.