Atrapados en la pobreza: Una vida trabajando en restaurantes de comida rápida

Las precarias condiciones en las que viven los trabajadores dieron pie al movimiento nacional 'Fight for 15' para aumentar el salario mínimo
Atrapados en la pobreza: Una vida trabajando en restaurantes de comida rápida
Foto: Araceli Martínez Ortega / La Opinión

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Cuando le metes el diente sabrosamente a una jugosa hamburguesa, jamás se te ocurriría pensar que los trabajadores que preparan esa comida rápida viven en la pobreza batallando cada quincena entre pagar la renta o comprar comida.

Un alto porcentaje incluso tiene que recurrir a la asistencia pública para sobrevivir.

Esta es la primera parte de una serie especial con las historias de lucha de los trabajadores más pobres de Los Ángeles.

Si no crees revisa el caso de Bartolomé Pérez, quien tenía 21 años cuando vino de El Salvador y prácticamente su primer empleo fue en un McDonald’s. “Comencé con un sueldo de 4.25 dólares la hora. Era insuficiente para mantenerme”, dice.

Veinte y cuatro años más tarde, Pérez sigue en el mismo empleo y ahora gana 10,75 dólares la hora. Aún no le alcanza para sufragar todos sus gastos.

Muy pocos saben que pese a ser la meca del cine y de los ricos y famosos, Los Ángeles tiene la tasa más alta de pobreza. La cuarta parte de sus habitantes viven en condiciones precarias, particularmente los latinos, el grupo con el más alto nivel de carencias.

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Bartolomé Pérez lleva más de dos décadas que trabaja en la comida rápida como cocinero pero como no le alcanza tuvo que conseguirse otro empleo de medio tiempo. (Araceli Martínez/La Opinión).

Para Bartolomé la cosa empeoró hace tres, cuatro años, cuando le redujeron las horas.

“De más de 40 horas me dejaron 28. Fue el caos, el mundo se me vino encima, no teníamos ni para comer, para pagar las cuentas, nos tuvimos que ir a la bancarrota”, recuerda.

La mayoría son latinos

En Los Ángeles, la industria de la comida rápida tiene más de 100,000 trabajadores.

“Un estudio demostró que la mayoría de los que trabajan en los negocios de comida rápida son inmigrantes latinos . Y se trata de una población que cada día envejece”, dice Gilda Valdez, presidenta del comité organizador de los Trabajadores de Comida Rápida y Jefa del Equipo del Sindicato Internacional de Trabajadores de los Servicios (SEIU) local 721.

Otras de las características que se observan en estos trabajadores de comida rápida es que familias latinas enteras laboran en esta industria.

“En una misma familia, dos o tres de sus miembros trabajan en el mismo negocio”, expone Valdez quien cuando fue estudiante de secundaria trabajó en un Jack in the Box.

Valdez indica que esta industria no les dan beneficios laborales a sus trabajadores.

Tampoco les ofrece ninguna estabilidad porque en cualquier momento, les reducen las horas de trabajo. El promedio de horas que  les asignan para trabajar por semana son 30. No es suficiente para vivir”, indica.

Ni siquiera tienen un sindicato que abogue por ellos, se lamenta.

Las raquíticas condiciones laborales que viven los trabajadores de la comida rápida dieron pie al nacimiento a nivel nacional del movimiento por el aumento del salario mínimo a 15 dólares. /Aurelia Ventura

En el negocio de la comida rápida predominan los bajos salarios.

“Muchos no saben a qué gastos dar prioridad para pagar, si la renta, la luz, la transportación, el auto”, observa la líder sindical.

Imposible vivir de esos empleos

Pérez, de 44 años de edad, dice que es muy difícil sobrevivir del salario de la comida rápida.

Aún si trabajas ocho horas diarias, tienes que tener otro u otros empleos“, dice. “No tenemos seguro médico, no existen las vacaciones“, reconoce.

Un estudio del Centro de Educación e Investigación Laboral de la Universidad de California (UC) en Berkeley financiado por el Sindicato Internacional de Empleados de los Servicios reportó en abril de 2015, que 56% de todos los programas de asistencia pública estatal y federal fueron para familias trabajadoras.

Un total de 153,000 millones en un año, incluyendo 25,000 millones en fondos estatales.

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El ambiente dentro del negocio de comida rápida, confía Pérez, es de mucha presión, el tiempo está calculado, tienes por ejemplo que hacer dos hamburguesas en 35 segundos.

En la actualidad Pérez trabaja medio tiempo en un McDonald’s, tiene otra jornada parcial en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) donde ayuda en los programas de deporte. Su esposa labora medio tiempo en la cafetería del mismo LAUSD.

Entre los dos sacamos 27,000 dólares al año”, anota.

Más de la mitad del ingreso se les va en pagar la renta de un departamento de dos recámaras que les cuesta 1,300 dólares en el sur de la ciudad.

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Pocos saben  lo que hay detrás de una jugosa hamburguesa con papas fritas: trabajadores con sueldos bajos y pocas o ninguna prestación laboral. /Archivo

Inspiran la lucha por los $15 la hora

Fueron las pobres condiciones laborales que viven los trabajadores de la comida rápida lo que dio origen al movimiento Fight for 15 (Lucha por los $15 la hora), para aumentar el salario mínimo y arrancar una campaña contra el robo de sueldos.

“Estamos haciendo historia para mover este país. Desde [Martin] Luther King no ha habido un movimiento por mejores salarios en los negocios de comida rápida”, expresa Pérez, quien se unió a esta lucha.

Pérez dice que los 24 años de trabajar en la comida rápida le ha pasado la factura hasta en su salud, ya que subió de 156 libras a 410 libras.

 “Yo hacía las tres comidas ahí. Eso y el estrés me han afectado mucho“, admite.

Una población que envejece

Ya van hacer 26 años que Rogelio Hernández  trabaja como cocinero, friendo papas para Carl’s Jr.

A sus 69 años, este inmigrante de Oaxaca, México se mira delgado, fuerte y ágil.

Yo rara vez como en el restaurante. Me llevo mi propio almuerzo“, aclara.

Gano 9.75 dólares la hora. La quincena me sale 530 dólares. Al mes son 1,060. Trabajo 7 horas y media. No me dan las ocho horas”, dice.

A Hernández le lleva dos horas y media viajar en transporte público desde Boyle Heights hasta Santa Mónica donde está su empleo.

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Rogelio Hernández, un inmigrante de Oaxaca, México dice que aunque le ofrecen seguro médico en el negocio de comida rápida en el que trabaja en Santa Mónica no lo acepta, porque le provocaría un fuerte deslabone en sus raquíticos ingresos salariales. (Araceli Martínez/La Opinión).

Con su esposa y dos nietos de 8 y 4 años vive en un modesto apartamento de los llamados “proyectos” de vivienda a bajo costo.

“Pagamos 650 dólares al mes por dos recámaras. La renta es la más dura, y estiramos el dinero lo más que podemos para el teléfono y la luz”, expresa el oriundo de Oaxaca.

“!Es muy difícil! Siempre andamos buscando donde regalan comida. Y tenemos suerte porque encontramos un lugar donde nos donan una despensa dos veces a la semana”, agrega.

* Esta historia es parte de la serie Pobreza en la Gran Ciudad de Los Ángeles, que fue hecha como parte de la beca Equal Voice 2015 patrocinada por la Fundación Marguerite Casey.