‘Muchas veces las ventas ambulantes son la única opción que tenemos los indocumentados’

La mayoría vive en la pobreza con ingresos que apenas les alcanza para sobrevivir y la legalización de sus negocios va a paso de tortuga en Los Ángeles
‘Muchas veces las ventas ambulantes son la única opción que tenemos los indocumentados’

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Si no fuera por las ganacias de sus ventas callejeras, Ana María Gil no duda que sería una “homeless”.

Cuando hace 15 años no le alcanzaba para los pañales de su tercer hijo, decidió ponerse a vender gorditas de nata y trigo en las puertas de la Iglesia María Inmaculada de la ciudad de Pacoima.

Segunda parte de una serie especial con historias de lucha de los trabajadores más pobres de Los Ángeles.

“La necesidad me llevó a eso. Muchas veces las ventas ambulantes son la única opción que tenemos las personas indocumentadas y  los desempleados”, dice.

En Los Ángeles, de acuerdo con la organización no lucrativa que aboga por el desarrollo comunitario, East LA Community Corporation (ELACC) hay 50,000 vendedores ambulantes, 10,000 se dedican a la venta de comida y 40,000 a la venta de mercancía.

Más del 80% de los vendedores ambulantes son latinos e indocumentados. La mayoría de bajos ingresos, a veces muy por debajo del nivel de pobreza federal, dice Janet Favela, organizadora comunitaria de la Campaña por la Legalización de las Ventas Ambulantes de ELACC.

“Sufren entre pagar la renta o los servicios y hasta se encuentran muchas veces en peligro de perder sus viviendas. Si se les arruina el auto, no pueden surtirse de los alimentos que venden”, añade Favela.

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Ana María Gil se gana la vida con la venta de pan fuera de la iglesia católica Maria Inmaculada en Pacoima. (Araceli Martínez/La Opinión).

Una historia de lucha

Los domingos antes de las seis de la mañana, Ana María ya está de pie, apurada por llegar a vender sus gorditas al terminar la primera misa. Pasa el día corriendo. Se le hace de noche en la iglesia. “Espero a que la gente salga de la última misa a las 8:30 de la noche”, cuenta.

Durante la semana vende en las escuelas de Pacoima. “Con ese ingreso y el remiendo ocasional de ropa he logrado sacar a mis tres hijos adelante”, confiesa. Sus hijos ya son adultos, 18, 19 y 22 años. Los tres van a la universidad.

Como miles de vendedores alrededor de Los Ángeles, Ana María tiene que cuidarse de la Policía porque hay vecinos a quienes le molesta que venda, y a ella y a otros vendedores los reportan para que les pongan multas y los arresten. 

Estoy separada de mi esposo desde hace ocho años. Él no me ayuda para nada”, agrega esta inmigrante mexicana. “Cuando mis hijos eran menores y  se me acababa el dinero, me daban cupones de alimentos’, observa. 

A pocos metros de Ana María, y en una esquina opuesta de la iglesia María Inmaculada se encuentra Griselda Muñoz.

Además de vender las gorditas de nata, ofrece pan de nuez y gelatina. Muñoz viaja desde el Sur de Los Ángeles a Pacoima todos los domingos para vender el pan típico de las ferias de Tlaxcala, su estado natal en México.

“Mi esposo trabaja en una fábrica de costura y como gana el salario mínimo, apenas nos alcanza para mantener a nuestros tres hijos”, confiesa sin dejar de acomodar los panes que está lista para comenzar a vender.

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Griselda Muñoz va todos los domingos a Pacoima a vender pan y así ayudar a la manutención de sus hijos porque con el salario mínimo que gana su esposo no les alcanza. (Araceli Martínez/La Opinión).

Expuestos a multas y a perderlo todo

Los vendedores ambulantes trabajan con el miedo a que la Policía o los agentes del Sheriff aparezcan en cualquier momento, les decomise sus productos y les imponga fuertes multas ya que las ventas en las aceras y calles están prohibidas por el código municipal. En la mayoría de los casos no les dan oportunidad de recuperar sus productos y herramientas de trabajo.

“Aquí en Pacoima, tenemos un vecino que cada rato nos reporta a la Policía porque no le gusta que estemos en el área. A mí la iglesia me dio permiso de ponerme fuera. Lo único que me pidieron es que no quede basura cuando termino de vender”, dice Ana María pero aún así teme a la Policía.

El año pasado Rosa Calderón, una inmigrante salvadoreña de casi 80 años, recibió varias multas y tuvo que ir a la Corte donde gracias al apoyo de los estudiantes de leyes de UC de Los Ángeles y la Clínica Nacional de Abogados Guild (National Lawyers Guild Los Angeles), obtuvo un fallo para pagar solo 300 dólares.

Sin embargo, se encuentra apelando la decisión. La anciana lleva nueve años que vende botellas de agua y sodas sobre la calle Los Angeles en el centro. Al día gana un promedio de 15 dólares que apenas le alcanza para comer y pagar un cuarto en el sur de Los Ángeles. En un día de suerte, gana 25 dólares, asegura.

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A paso de tortuga avanza una propuesta en el Concejo de Los Ángeles para permitir la venta en las aceras y calles de la ciudad. Hace más de dos años que se presentó, y el progreso es lento. (Aurelia Ventura/La Opinión).

¿Qué pasó con la legalización de las ventas ambulantes?

Una moción para legalizar a los vendedores callejeros fue presentada el 6 de noviembre de 2013 por los concejales José Huizar y Curren Price. Más de dos años después no se ha visto ningún resultado. Y el esfuerzo por legalizarlos, no es algu nuevo, puesto que comenzó desde 1990.

Pero hasta ahora los únicos que pueden tener un permiso para vender son los paleteros. El año pasado, el concejo angelino se autorizó a los ambulantes vender en los parques pero solo en eventos especiales.

10/27/2015 - Los Angeles, Ca. - Street vendors rally outside City Hall moments before a discussion on the subject of their legalization takes place at the Council Chambers (photo Ciro Cesar/La Opinion).
El concejal Curren Price confesó sentirse frustrado por el lento avance de la medida para legalizar las ventas callejeras en Los Ángeles. (Ciro Cesar/La Opinion).

El concejal Curren Price, uno de los autores de la medida para legalizar a los vendedores de la calle, dice que nunca nadie dijo que sería fácil y rápido.

Yo también me siento frustrado y ansioso. El trabajo en la búsqueda de consenso continúa. En el propio Concejo de la Ciudad no tenemos mayoría y aún estamos respondiendo preguntas de los negocios”, expone.

Los comerciantes se oponen a los ambulantes porque dicen que dificultan caminar en las aceras,  obligan a la gente a bajar a las calles, son una competencia desleal para los negocios establecidos y argumentan que la Ciudad no tendría la capacidad para hacerles cumplir las regulaciones.

* Segunda parte de la serie ‘Atrapados Pobreza’ que fue hecha como parte de la beca Equal Voice 2015 patrocinada por la Fundación Marguerite Casey.