Obrera mexicana amputada trae un mensaje de lucha a Los Ángeles

En ambos lados de la frontera, miles de trabajadores sufren de explotación laboral, señala la ahora activista
Obrera mexicana amputada trae un mensaje de lucha a Los Ángeles
Rosa Moreno, al centro, en la charla con estudiantes universitarios. A su derecha está Victoria Ruddy, fundadora de Partners for Responsible Trade.

Es posible que algunos televisores en hogares de esta ciudad hayan sido elaborados con las manos de Rosa Moreno, que le fueron amputadas tras un accidente en una fábrica de Reynosa, en México.

Este dramático incidente ocurrió el 20 de febrero de 2011. Moreno, originaria del Estado de México, trabajaba en el turno nocturno de una ensambladora de televisiones en aquella localidad cuando una máquina falló y le aplastó las manos. Los médicos no lograron salvar sus extremidades.

“Cuando uno está sano donde quiera te contratan, pero cuando te pasa un accidente nadie pregunta por ti”, Rosa Moreno

Desde entonces, esta mujer de 43 años solo ha recibido una compensación de 3,500 dólares con la que no pudo siquiera comprar dos prótesis.

Los administradores de la fábrica le prometieron una casa, pagar la educación de sus hijos y darle una pensión, pero al final ignoraron su responsabilidad legal.

Con seis hijos que alimentar, Moreno se guardó la vergüenza y pidió limosna en los autobuses del transporte público de Reynosa, como se lo recomendó un abogado que no quiso defender su caso.

“Saque provecho de su problema, agarre una taza y vaya a pedir dinero”, le aconsejó.

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Rosa Moreno, perdió sus manos tras un accidente en una fábrica de Reynosa, en México. /Suministrada

“Yo le contaba mi caso a la gente, que la fábrica no me estaba respondiendo y que mi familia necesitaba ayuda”, recordó con cierta pena la mexicana, que después se dedicó a la venta de cosméticos.

Derechos laborales

Moreno conoció sus derechos laborales hasta que se acercó a un grupo que aboga por los trabajadores fronterizos. Se unió a la causa y su voz se ha hecho escuchar en ciudades de México y este país. En julio, ella protestó afuera de la Casa Blanca, al lado de otro amputado de Reynosa.

Por su incansable labor, esta mexicana que solo culminó sus estudios de primaria recibió el premio Illuminating Injustice Award, que le entregó en 2015 la organización Public Justice Foundation.

Con la intervención del grupo Partners for Responsible Trade, ella recibió un par de prótesis en Dallas el año pasado y ahora necesita poca ayuda de otros, asegura. Con éstas escribe, cocina y asea su casa.

Este jueves, Moreno sostuvo una charla con estudiantes del Colegio de Santa Mónica, en la que a través de su experiencia mostró las injusticias que sufren los trabajadores en el noreste de México, pero que también ocurren en este lado de la frontera, impactando sobre todo a los indocumentados.

Rosa Moreno conversa con una estudiante del Colegio de Santa Mónica
Rosa Moreno conversa con una estudiante del Colegio de Santa Mónica. /Suministrada

Moreno también dejó un mensaje a la explotada fuerza laboral migrante en esta metrópoli.

“Todos los trabajadores valen mucho y cómo es posible que se les pague poco, que no se valore su trabajo, que los abandonen cuando se lastiman. Porque cuando uno está sano donde quiera te contratan, pero cuando te pasa un accidente nadie pregunta por ti”, dijo.

Para ella, estos abusos no pasarían si todos conocieran las obligaciones de los patrones. “Yo les diría que luchen por sus derechos laborales porque sí los tenemos, pero a veces los desconocemos”, dijo.

En los jardines del Colegio de Santa Mónica, Moreno caminaba este jueves abrazándose a sí misma, ocultando que sus manos se sacrificaron para que algunos tuvieran un televisor en casa.

‘Detrás de cada producto hay un trabajador’

La historia de Rosa Moreno inspiró la creación de Partners for Responsible Trade, que aboga por los mexicanos que elaboran distintos productos que se venden principalmente en tiendas de este país.

Muchos ganan apenas un dólar por hora y en ocasiones no gozan de prestaciones laborales.

“Es muy fácil para las compañías reemplazarlos, son desechables”, dice Victoria Ruddy, fundadora del grupo. “Detrás de cada producto en nuestras casas hay un trabajador que quizás haya sido explotado”.

Ruddy indicó que los consumidores estadounidenses deben exigir responsabilidad a las empresas. “Tenemos que decir: ‘no vamos a comprar tus productos al menos que los elabores con ética’”, agregó.

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