Levantarse y volverlo a intentar, es el consejo de este negociante latino

Inmigrante latino comparte los altibajos que atravesó como dueño de un taller de costura

La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre. Nelson Mandela

Cuando una persona se anima a abrir su propio negocio apuesta a que los años de sacrificio eventualmente cosechen años de éxito. Pero no siempre las cosas ocurren como las imaginamos. Y la vida puede sorprendernos con situaciones inesperadas que tiran abajo nuestros planes.

Alberto Sánchez sabe bien lo que es pasar de ser el dueño de un taller de costura con 20 máquinas y más de 15 empleados, a tener que volver a empezar. Pero eso no lo ha disuadido de seguir intentando.

A los 14 años de edad, Sánchez se mudó de su Chiapas natal a la Ciudad de México en busca de trabajo. Comenzó trabajando en un restaurant, pero varios amigos le recomendaron que se dedicara a la costura “para no meterse en problemas”. A partir de entonces, Sánchez inició una carrera en la industria de la ropa, que continúa en la actualidad.

El viaje al país del norte llegó en 1993, cuando el inmigrante arribó a California. Desde entonces, Sánchez regresó varias veces a su tierra natal.

“Cuando mi madre falleció de cáncer, le prometí que regresaría para traer a EEUU a mis dos hermanas que habían quedado en Chiapas”, contó Sánchez.  Fue en uno de esos viajes a México que Sánchez conoció a su esposa y madre de tres hijos.

Al llegar a Los Ángeles, Sánchez decidió seguir trabajando en la industria de la ropa, primero como empleado en un taller de costura de coreanos y, eventualmente, en un taller propio.

“Al principio batallé mucho. No sabía inglés y me quedaba toda la noche cosiendo para sacar adelante el negocio”. Pero el sacrificio pronto cobró sus frutos, y el taller de Sánchez creció hasta tener 20 máquinas de coser industriales y empleados bajo su dirección.

Golpes de la vida

Del día a la noche, una serie de circunstancias tiraron abajo los planes del negociante. Sánchez caminaba por la calle con un amigo de Zacatecas, cuando dos hombres, con quienes su amigo había tenido problemas previos, los atacaron con bates de béisbol.

“Me dieron un batazo en la cabeza y me rompieron todos los dientes”, recordó el negociante, quien cayó en la calle y permaneció en coma durante 23 días.

“Nos dijeron que si hablábamos nos iban a tronar. Mi amigo optó por mudarse a otro estado y nunca pudieron atrapar a los atacantes”, indicó.

Fueron momentos difíciles para Sánchez. Al mes de salir del coma, y mientras trataba de recuperarse del ataque, su esposa lo dejó a él y a sus tres hijos. “Me andaba desmayando a cada rato por un coágulo que se me había formado en el cerebro” recordó. “Pero no sentí tanto dolor cuando me pegaron, como el dolor que sentí cuando mi esposa nos dejó”, confesó.

Fue durante esos tiempos difíciles que Sánchez perdió todo lo que había logrado. Muchos de sus amigos también desaparecieron cuando llegaron las dificultades.

“El dinero, forzándose uno lo recupera. Pero no el dolor”, confesó.  Sin embargo, Sánchez aseguró que no guarda rencor hacia quienes lo lastimaron. “Si me concentro en el daño que me hicieron, lo único que voy a lograr es herir a mis hijos. Y ellos no se merecen sufrir. Dios nos dice, ‘Ayúdate que yo te ayudaré’, y eso es exactamente lo que estoy haciendo”.

Un modelo a seguir

Poco a poco Sánchez logró recuperarse. En la actualidad cuenta nuevamente con dos máquinas industriales y ha estado ahorrando para poder comprar otras dos. “Teniendo mi propio taller puedo pasar más tiempo con mis hijos. Y mis hijos lo son todo”, aseguró. “Quiero que algún día ellos puedan ir a la universidad y salir adelante”.

El negociante también se hace tiempo para trabajar de voluntario en la escuela Dolores Huerta a la que asisten sus hijos, y para entrenar a un equipo de fútbol de niños.

“¿De dónde vienen mis fuerzas? Mi madre me enseñó bien”, reconoció Sánchez. “Ella era una mujer humilde y analfabeta que sola pudo criar a sus nueve hijos, incluso cuando luchaba contra el cáncer. En ella me inspiro”, confesó.

“No hay que debilitarse y siempre seguir adelante. Siempre es bueno recordar los motivos por los cuales nos vinimos a este país”, reflexionó.