Razonando la salud: Diabetes

Columna de opinión del doctor Jorge A. Lazareff patrocinada por UCLA World Health

UCLA Health

Los seres vivos consumimos energía. Ésta nos llega en forma de proteínas, grasas y azúcar. El cuerpo se encarga de procesar estos ingredientes mediante un proceso que llamamos metabolismo. El metabolismo del azúcar está a cargo de la insulina, una hormona segregada por el páncreas. La insulina favorece el paso del azúcar desde la sangre al interior de las células del cuerpo. La diabetes es una enfermedad del metabolismo.

En el individuo sin diabetes existe un equilibrio entre la insulina producida y la insulina requerida. Este equilibrio lleva a un nivel normal de azúcar en la sangre.

En la diabetes tipo I el equilibrio está ausente ya que el páncreas del paciente está dañado y no puede segregar insulina.

En la diabetes tipo II la insulina producida no da abasto o es de por sí defectuosa para facilitar la transferencia de azúcar en energía. Por una razón o por otra en el diabético hay una gran cantidad de azúcar en la sangre.

El exceso de azúcar en la sangre provoca daño en los vasos sanguíneos de riñón, del corazón, de los ojos y de los nervios periféricos. Los síntomas giran alrededor de estos órganos. El individuo tiene sed constante, orina en exceso, le acoge una picazón punzante en los brazos y en las piernas. El deseo sexual disminuye y dificulta la erección en los varones. Lastimaduras banales de la piel tardan en cicatrizar, o de plano en casos avanzados no cicatrizan nunca. Las arterias del corazón se angostan y hasta se obstruyen aumentado el riesgo del infarto, y como si no fuera suficiente lo anterior, la anatomía del ojo se va deteriorando silenciosamente hasta concluir en la ceguera.

Esta narración diabólica tiene muchas caras, no todos presentan la seguidilla de síntomas recién detallados, pero todos los síntomas están relacionados al exceso de azúcar en la sangre.

Cada humano hace su propia historia médica. Hay factores de riesgo que no controlamos, como la herencia genética, y otros que controlamos. De éstos, el más importante y a nuestro alcance es la obesidad, ya que aumenta el volumen de azúcar en sangre y por ende aumenta la demanda de insulina hasta que el páncreas no da abasto o la insulina producida no es de buena calidad. Tanto es así que la diabetes II puede ser en muchas ocasiones controlada sin inyección de insulina.

La diabetes es una enfermedad insidiosa, el descalabro final tarda tiempo en manifestarse, pero el diagnóstico es sencillo y específico, aún cuando no hayan síntomas severos. La diabetes se diagnostica por una simple medición de azúcar en la sangre.

El rumbo del tratamiento también es claro: reducir la cantidad de azúcar en la sangre. Esto se logra a través de la insulina y otras drogas similares diseñadas para mejorar la calidad de la insulina producida por el cuerpo, a través del ejercicio físico y de la dieta.

Pero, nada es posible si no es a través de una bien regulada colaboración entre el médico y el individuo. El tratamiento de la diabetes es una tarea de equipo, con sus altibajos, como un partido de fútbol y como en un partido de fútbol todos, médicos y pacientes, coincidimos en que SÍ SE PUEDE.

Sobre el autor

Jorge A Lazareff, MD, es Profesor Emérito de la David Geffen School of Medicine, Center for World Health

Sobre UCLA World Health

El Centro de Medicina Global de UCLA en una iniciativa en conjunto con la escuela de medicina David Geffen en UCLA y UCLA Salud. Su misión es mejorar la salud de las comunidades en todo el mundo. Por medio de educación, análisis, servicio, así como guiar a la próxima generación de lideres para que utilicen su visión , talento, y compromiso a transformar la practica de la salud global hacia un cambio sostenible.