Burbujas: El placer de las cosas enredadas

Hay otras ideas además de la ridícula construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México
Burbujas: El placer de las cosas enredadas

Por más esfuerzos que hago, no me puedo acostumbrar a la orgía de demagogia en la actual campaña política en los Estados Unidos.

Menos aún, a que se siga manoseando el problema de los indocumentados como si el mundo girara alrededor de esos que están aquí ilegalmente.

Desde hace muchísimos años comentamos en esta columna un camino de solución al problema, que voy a replantear aprovechando la ridícula idea de la construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México.

No repasaré lo que pienso que deben hacer los indocumentados sino comentaré lo que el Estado pudiera implementar como solución, aunque solo sea temporal.

De entonces para acá han cambiado las cifras pero no el problema. Se dice actualmente que hay 11 millones de indocumentados en el país. Me pregunto por qué no seis, siete u ocho.  La verdad es que nadie sabe cuantos son, quienes son, donde viven, y que hacen.

Supongamos que son solo cinco millones y que todos desean tener documentos para trabajar y vivir legalmente en este país. ¿Por qué no ofrecer un permiso de trabajo por cinco años a un costo de $ 3,000  dólares por persona?

Seguramente la gran mayoría estarían dispuestos a la regularización temporal, que les permitirá trabajar tranquilamente y la oportunidad de ir a visitar a sus familiares en el extranjero con la seguridad de poder regresar sin  problema.

¡El pago correspondiente por esos permisos generaría 15,000 millones de dólares!

Ese dinero pudiera usarse para construir el “famoso” muro o utilizarse inteligentemente para otros proyectos que al país le convenga. Lo más importante es la integración de esas personas a la sociedad, su regularización para el pago de impuestos, y el hecho de que finalmente tendríamos el registro de ellos,. Hasta podría exigírseles cierto tipo de servicio social, cuando menos durante el primer año que estén legalmente en el país.

Para lograr lo anterior bastaría una convocatoria-compromiso para que el gobierno federal aceptara solicitudes de cada uno de esos indocumentados y las procesara de acuerdo a los requisitos que se establezcan.

Seguramente los trabajadores legalizados darán un impulso a la economía mientras alcanzan el objetivo que los trajo a este país: obtener ingresos con los que pueden ayudar a subsistir a sus familias, a la vez que logran una vida mejor que la que tenían en sus países de origen.

Ojalá y en lugar de los comentarios venenosos que actualmente se dan en los debates de los pre-candidatos, se discutiera un programa como este o uno parecido, aunque suene demasiado sencillo para los políticos a quienes al parecer les gustan las cosas enredadas,