¡Ojo con la cantidad de comida rápida que ingieres!

Estudio dice que su acostumbrado consumo podría estar relacionado con la presencia de altos niveles de productos químicos nocivos en la orina
¡Ojo con la cantidad de comida rápida que ingieres!
Quienes consumen mucha comida rápida tienden a tener unos niveles de ftalatos en la orina entre un 24 y un 40 por ciento más altos que las personas que raras veces consumen este tipo de comida.
Foto: Shutterstock

Comer comida rápida (fast-food) puede exponer a las personas a productos químicos potencialmente dañinos como los ftalatos, que han sido relacionados con una serie de problemas graves de salud en niños y adultos.

Así lo sugiere un reciente estudio realizado por el Milken Institute School of Public Health de la Universidad George Washington (GW), con sede en Washington D.C.

Los ftalatos pertenecen a un grupo de productos químicos que se emplean en la industria de fabricación de envases plásticos para los alimentos, tubería para los productos lácteos y artículos usados en la producción de comida rápida.

De acuerdo con la investigación, publicada en estos días en la revista digital Environmental Health Perspectives, quienes consumían mucha comida rápida tendían a tener unos niveles de ftalatos en la orina que eran entre un 24 y un 40 por ciento más altos que las personas que raras veces comían este tipo de comida.

“Hemos encontrado una asociación estadísticamente significativa entre la cantidad de comida rápida que se consume en un período de 24 horas y los niveles de dos ftalatos particulares que se encuentran en el cuerpo”, dice la Dra. Ami Zota, autora principal del estudio y profesora asistente de salud ambiental y ocupacional en el Milken Institute School of Public Health.

Los ftalatos en cuestión son el di(2-etilhexil) ftalato (DEHP) y diisononilo (DINP) que la industria usa en la elaboración del plástico flexible que se puede encontrar en una amplia gama de maquinaria de procesamiento y envases de alimentos.

La Dra. Zota y un grupo de investigadores analizaron los datos de 8,877 participantes que respondieron un formulario de preguntas detalladas sobre su dieta en las últimas 24 horas, incluyendo el consumo de comida rápida. Éstos, asimismo, facilitaron una muestra de orina que fue sometida a la prueba específica de los ftalatos DEHP y DINP.

Además de los ftalatos, el estudio también analizó la exposición al bisfenol A (BPA), que se encuentra en los envases de plástico para alimentos. Y aunque los investigadores no encontraron una asociación entre el consumo de comida rápida y el BPA, sí se observó que quienes dijeron haber ingerido productos de carne de comida rápida tenían niveles más altos de BPA que aquellas que no acostumbran tener este tipo de alimentación.

“Nuestros resultados plantean preocupaciones porque los ftalatos se han relacionado con una serie de problemas de salud graves en niños y adultos”, resalta la Dra. Zota en un comunicado emitido por la GW sobre lo hallado en la investigación.

El estudio es uno de los primeros en observar el consumo de comida rápida y la exposición a estas peligrosas sustancias químicas, que pueden filtrarse en los alimentos del envase plástico en el que se almacena, tanto antes de la cocción como al servirlos.

Los resultados de la nueva investigación calzan muy bien dentro de los grandes estudios que han demostrado que los ftalatos están en una amplia variedad de productos de uso personal, juguetes, cortinas plásticas para el baño, perfumes, desodorantes, esmaltes de uñas, adhesivos, juguetes sexuales, pisos de vinilo e incluso alimentos.

En 2008, el Congreso de Estados Unidos prohibió el uso de ftalatos en la fabricación de juguetes de los niños debido a las preocupaciones sobre los efectos negativos de estos productos químicos en la salud.

Estudios sobre el impacto de la exposición de estos productos químicos en la salud han sugerido que pueden dañar el sistema reproductivo masculino y provocar infertilidad.

Los  ftalatos también se han vinculado con defectos congénitos, problemas conductuales de la niñez y enfermedades pediátricas crónicas, como el asma.