Residentes de L.A. defienden alivios migratorios en la Corte Suprema

Miles de personas, afuera de la Suprema Corte, en Los Ángeles y otros lugares planean abogar este lunes por DAPA y DACA
Residentes de L.A. defienden alivios migratorios en la Corte Suprema
Yamilex Rustrian, de 20 años, una beneficiaria de DACA es uno de los rostros que aparecen en una exhibición que busca atraer atención a aquellos que se benefician con los programas impulsados por el presidente Obama. (Foto: Aurelia Ventura/ La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

Aunque su madre no califica para los alivios migratorios que desde este lunes revisará la Suprema Corte, Yamilex Rustrián estará en ese tribunal para abogar por otros indocumentados que se beneficiarían.

“Es algo que podría cambiar la vida de muchas familias, es una decisión muy importante”, expresó la estudiante sobre el veredicto que los jueces irán formulando en los próximos días sobre la Acción Diferida para Padres (DAPA) y la extensión del programa para los Llegados en la Infancia (DACA).

Ambas iniciativas otorgarían permisos de trabajo a cinco millones de indocumentados.

Rustrián, de 20 años y ahora protegida por la primera versión de DACA, viajó desde el viernes a la capital del país y planeaba dar su testimonio en la Suprema Corte este lunes. Afuera del tribunal, según activistas, unas 4,000 personas se congregarán para abogar por los inmigrantes que han echado raíces.

“Se hará una protesta para que no solo la Suprema Corte, sino los políticos vean las caras de las personas, de las familias que se beneficiarían con esta acción diferida”, agregó ella.

Se espera que el próximo 1 de mayo, cuando se conmemore el décimo aniversario de las marchas multitudinarias que en 2006 pidieron una reforma migratoria, cientos vuelvan a salir a las calles de ésta y otras metrópolis para abogar por la legalización de 11 millones de indocumentados.

“Ahora podemos cambiar la vida de muchos padres y familias con las acciones diferidas, pero la pelea por una reforma migratoria no para ahí, porque somos 11 millones”, expresó Rustrián, quien emigró de Guatemala cuando tenía siete años de edad.

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La historia de una activista

La impactante experiencia de recorrer casi 3,000 millas, pasando por el duro territorio mexicano y el peligroso desierto estadounidense, la vivieron Rustrián y su hermana menor (entonces de seis años) al lado de un desconocido, el traficante de personas pagado por su madre para traerlas a este país.

Se trataba de una travesía obligatoria, por el asesinato de su padre sólo unas semanas antes de que las niñas emprendieran camino hacia el norte.

“A mi papá lo mataron las maras en Guatemala para quitarle el dinero, el manejaba un bus. Le dieron un tiro en el corazón y murió instantáneamente”, contó.

Actualmente, Rustrián estudia ciencias políticas en el Colegio del Valle de Los Ángeles y es organizadora juvenil de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU).

Su madre trabaja como afanadora y lleva quince años en este país, pero no califica para DAPA porque ninguno de sus hijos tiene un estatus migratorio. Su lucha, dice la universitaria, es para ayudar a otros en una primera instancia y allanar el camino para la legalización de su madre.

“A los jueces de la Suprema Corte les diría que pongan una cara humana a esto, no son historias inventadas. Muchas personas están viviendo en las sombras porque tienen miedo de salir por todas las redadas migratorias”, dijo. “Nosotros venimos a trabajar, a buscar mejores vidas”, agregó.