Papeles: Los Primeros libros

Solo un libro me aprendí de memoria en esta encarnación: el Catecismo del jesuita Gaspar Astete
Papeles:  Los Primeros libros

Como en Bogotá se celebra por estos días la Feria internacional del libro con Holanda como invitado especial, con la venia de los lectores haré un repaso por mis primeras lecturas.

El primer libro no lo leí, lo oí: Lejos del nido, la novela de Juan José Botero, un colombiano  que quería ser gato.

Fue la primera radionovela que escuchamos. Soy de la época en que la radio era también televisión e internet.  La vida era simple, lenta. Tenía los colores de la nostalgia y del cine,  blanco y negro. Cómo la gente hablaba desde un cajón (la radio) fue el primer misterio que me tocó enfrentar.

Oyendo la radionovela detesté, me hice enemigo personal del indio Isidoro Quirama. En solidaridad con la heroína de Botero, Andrea, secuestrada por Quirama, le pondríamos ese nombre a nuestra hija que nos puso a ennietecer por cuenta de Sofía Mo e Ilona Lu.

Otro primer libro fue un clásico suramericano, La alegría de leer del chileno Evangelista Quintana que conocimos de la mano de la maestra del preescolar que nos instaló vocales y consonantes en el disco duro. Lo demás llegó por añadidura.

Guardo en urna triclave  el primer libro de don Evangelista en la edición que publicó Editorial Voluntad, gracias a  Juan Luis Mejía, rector de la universidad EAFIT, de Medellín.

La alegría…  tiene a sus espaldas la Urbanidad del venezolano Carreño (1812/1894), ministro de hacienda de su país. ¡El  banquete que se daría don Manuel Antonio escribiendo la urbanidad para estos tiempos!

Solo un libro me aprendí de memoria en esta encarnación: el Catecismo del jesuita  Gaspar Astete. El mundo se jodió cuando mandamos pa’l carajo a Astete y a Carreño. Tengo diplomas firmados por el entonces arzobispo de Medellín, Joaquín García Benítez, en reconocimiento por haber memorizado todo Astete. Practicarlo es otro cantar.

De Nos García Benítez no me gustó que hubiera “prohibido” a la actriz María Félíx cuando anduvo por Medellín.

El primer libro, Los tres pelos del diablo,  me lo regaló el día de la primera comunión mi tío Julio Giraldo, un personaje de la familia que cumple años el 6 de marzo, como el Nobel García Márquez.

De aquellos tiempos de upa es el clásico Genoveva de Brabante del cura alemán Cristóbal Schmid. A medida que avanzábamos en la lectura, derramábamos niágaras de lágrimas en solidaridad con la calumniada Genoveva.

Otro libro que Alzheimer no ha logrado borrar de la memoria es  Respuestas a las preguntas sexuales de los niños. Me lo regaló mi madre cuando empecé a acosarla con preguntas del calibre de las que le hicieron dos niñas a sus madres:

“Mami, ¿dónde queda el coito?”. O: “Si no me dices qué es un orgasmo, lo busco en Google”.

Vendrían después Dumas, Salgari, Julio Verne. Estos y los libros que vinieron después han hecho mejor este acabadero de ropa que es el mundo.