Litro a litro comienza la pelea del campo mexicano por el agua

El conflicto se hace cada vez más intenso pero los agricultores se organizan para compartirla

Pilcaya, Gro.- Vicente Díaz se agacha y toca una larga manguera negra que colocó entre los cultivos de gladiola. La observa con cuidado y se acerca aún más: hasta donde brota un hilo de agua apenas perceptible, los campesinos como él saben de la importancia de este flujo constante que sale de pequeños orificios para bañar la siembra.

“Antes del sistema de agua por goteo gastaba el doble”, explica con el aire de dignidad que da a las personas saber que hace lo correcto como solo unos cuántos en este municipio del norte de Guerrero.

De hecho no hace mucho que ahí se comenzó a hablar de esa nueva modalidad para hidratar los cultivos.

Hace casi un siglo que hay agua de riego gracias a un grupo de hombres visionarios que, conscientes de que en el terruño no había manantiales o cuencas, tomaron picos y palas y se fueron a cavar un canal de 32 millas de longitud entre montes y llanos desde el Nevado de Toluca por el vecino Estado de México.

Quienes creyeron y participaron en el proyecto crearon una sociedad de agua que a la fecha tiene 400 socios y comparte con el ayuntamiento un porcentaje de litros para el consumo doméstico de la población —que va en aumento y que es cada vez más exigente sin mirar las complejidades y el problema que se avecina como ya ha ocurrido en algunas otras zonas del país.

Un problema nacional e internacional

De acuerdo con el Programa Nacional Hídrico (2014-2018)  del gobierno federal “la estabilidad social, económica y política de México se ha visto comprometida por diversos conflictos que se han presentado en algunas cuencas del país a causa de la creciente demanda y la competencia entre los diferentes sectores”.

Y el conflicto se agudiza justo cuando la demanda de alimentos crece día a día hasta llegar a 75% más de lo que se consume actualmente, según la ONU.

México pasará de 103 millones de habitantes a cerca de 130 millones y será el principal importador de granos del mundo; a la par, protagonizará una industria alimenticia entre conflictos.

“El descuido del campo mexicano y las pésimas políticas agrícolas han reducido la producción del cuadro básico de alimentos. Esta situación se acentúa con la pésima infraestructura del país para cubrir la demanda de agua, que en el campo ya compite con las ciudades”, observan los analistas Gonzalo Kuri y Samuel Schimidt en su estudio “El Agua en México”.

Campesinos con su equipo de fumigación.
Campesinos con su equipo de fumigación.

A finales de 2013, tras su victoria en diversas reformas para “la transformación del país” el presidente Enrique Peña Nieto prometió una más para el sector agropecuario pero jamás se cristalizó.

En ese tiempo reconoció que el tema más urgente era la modernización de la superficie de riego, donde se desperdicia más de la mitad del líquido destinado para el campo entre fugas y robos para otros fines mientras la más reciente Encuesta Agropecuaria revela que algunos productores desesperados por la escasez recurren al uso de aguas negras tratadas.

En 2007, el 86.6% de los productores usaba agua blanca y cinco años después la cifra bajó a 83%.

Entre las soluciones propuesta destaca la más reciente de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico encabezada por el mexicano José Ángel Gurría, quien propuso eliminar los subsidios al consumo. “Cuando se regalan las cosas la gente deja de apreciarlas”, dijo.

De regreso a la realidad

La Sociedad de Aguas Flores Jabalí de Pilcaya Guerrero vio la luz en 1948 y desde entonces se hace cargo de que el agua llegue hasta el municipio a pesar de los contratiempos: del robo del líquido a lo largo del trayecto, de los atascos, de los reclamos de quienes quieren su parte en los pueblos vecinos y otros no tan cercanos. El ayuntamiento da una parte del presupuesto, pero apenas es un 20%.

Con todo, la gente no lo valora. “El agua llega muy sucia y nos puede causar una enfermedad”, dice una vecina de la población sin saber que acarrear el líquido hasta su casa costaría 100 veces más de lo que paga: 300 dólares anuales en su equivalente en pesos.

Hace poco hubo un derrumbe en el canal y quien tuvo que pagar los gastos fue la asociación. “Era una pared como de 20 metros de alto: todavía no hemos podido quitar toda la tierra”, precisa Miguel Calderón, uno de los accionistas y asesor activo.

Vicente Díaz, el agricultor que utiliza el sistema de agua por goteo quiere adelantarse a estas crisis y tormentos del agua que ya conoce muy bien y pretende ahorrar al máximo su cuota con un máximo rendimiento.

Para entender esta lógica tuvo que pasar por un largo proceso de aprendizaje antes de convertirse en patrón y pagar sus cuotas fiscales.

Primero fue peón durante 16 años y cuando por fin se compró algunas tierras y empezó a invertir, el precio del tomate y del pepino se fue por los suelos.
“Fracasé, fui a Estados Unidos, ahorre y regresé a seguirle”, cuenta.

Regresó para empezar de cero con las flores y le ha ido mejor gracias a la experiencia y al campo con agua de riego, líquido que cuida de cerca, con la mirada fija en el orificio de una manguera