‘Queremos ser los mejores y los más rápidos’, dicen los corredores ilegales de autos

Un joven de 23 años quien es corredor de carreras ilegales comparte sus peligrosas experiencias tras el volante
‘Queremos ser los mejores y los más rápidos’, dicen los corredores ilegales de autos
"El Gordo" muestra su auto modificado en un estacionamiento de San Fernando y el cual ocupa para carreras ilegales. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

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Con una cerveza en la mano y teniendo un narcocorrido de fondo, “El Gordo” contaba la más grande de sus hazañas en su mundo acelerado: ganarle una carrera a una patrulla del Sheriff.

“Me fui todo derecho, había topes y estaba hondo. Apagué las luces y me pasé los altos a todo lo que daba el carro, a 120 millas por hora”, relataba emocionado este joven alto y corpulento que ha gastado más de 15,000 dólares para tener la camioneta con más accesorios en el Valle de San Fernando.

Tercera parte de una serie especial sobre el combate de las autoridades a las carreras de autos ilegales.

“El Gordo”, quien pide ser identificado solo por su apodo, es uno de los jóvenes que cada fin de semana participa en carreras ilegales en vecindarios desiertos y zonas industriales de Los Ángeles, lo más lejos posible de la Policía. Tiene cara de niño, pero guarda más anécdotas que un viejo.

Esa persecución policiaca en la que estuvo involucrado en Compton hace tres meses –afirma- es la más alucinante de todas. Antes de que un helicóptero lograra interceptarlo, él se escondió en un parque y libró la cárcel.

“Era adrenalina, me sentía chingón pero con miedo a la vez, porque si me agarraban me iban a acusar de intento de asesinato porque casi atropello a tres personas”, contó.

(De izq. a der.) El Chapo, El Chino y El Gordo durante la reunion de un club de autos en San Fernando. (Foto: Aurelia Ventura/ La Opinion)
(De izq. a der.) El Chapo, El Chino y El Gordo durante la reunion de un club de autos en San Fernando. (Foto: Aurelia Ventura/ La Opinion)

“El Gordo” bebía en exceso en la noche de la entrevista porque festejaba su cumpleaños 23.

Un pastel le esperaba en el cofre de un auto deportivo y en su honor se escuchaba un corrido de narcos a volumen alto: “Donde quiera trae su gente de batalla/ se rumora en la montaña”.

En su celular guarda la foto de su amada camioneta Tahoe, cuyas puertas se abren hacia arriba, como deportivo italiano. Tener ese sistema le costó 1,000 dólares. Por la decoración interior pagó $3,000. Para que diera saltos desembolsó casi $4,000. “Le gana a todo el Valle”, presumía.

“Para nosotros correr autos es nuestro deporte. Como alguien que juega futbol, nosotros también queremos ser campeones, ser los mejores, ser más rápidos”, dice este joven a quien le nació el amor por la velocidad y el riesgo cuando vio la película The Fast and the Furious.

05/06/16/ LOS ANGELES/ Sergeant Jessee Garcia speaks to a group of young men who have modified cars while patrolling an area where racers typically gather in Los Angeles. Sergeant Jessee Garcia leads a new Los Angeles police task force working to wipe out dangerous, high-speed, illegal street racing. They are targeting areas where racers typically gather. The LAPD is dedicating at least a dozen officers with the sole task of stopping races before they start. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
El sargento Jesse Garcia, encargado de una unidad especial del LAPD contra las carreras ilegales, revisa el auto de un joven durante los patrullajes rutinarios.  (Aurelia Ventura/ La Opinion)

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‘Pura adrenalina’

“Cuando yo juego carreras siento la adrenalina, la emoción de decir yo lo chingué y mostrar que mi carro corre más recio”, comenta quien frecuenta diez clubes de autos en el Valle de San Fernando, una de las zonas de la metrópoli donde más ocurre dicha actividad ilegal.

Esa noche no hubo arrancones en ese sector, pero ya habían difundido en mensajes privados en las redes sociales las direcciones donde ocurrirían las carreras el siguiente fin de semana.

La mayoría de las competencias de velocidad no involucran más que el orgullo de ganar, dice “El Gordo”, pero en ocasiones él ha regresado a casa con $1,500 en la bolsa.

Su truco para ganar, comparte, es no acelerar tanto en el arranque, porque patinan las llantas y se pierden segundos valiosos.

Para hacer “donas” (pintar círculos en el pavimento) se debe tener control total del volante, señala este joven que reconoce que desde 2015 ha pagado 5,000 dólares en multas por conducir a exceso de velocidad.

“Es divertido, es algo que la gente no entiende porque no sienten lo que uno: la emoción, la adrenalina, andar cotorreando con los amigos”, dice entre sorbo y sorbo a un bote de cerveza.

Él afirma que esa unión “familiar” que presumen los clubes de coches se diluye con la envidia que despiertan los autos de otros y cuando ocurre un accidente. No hace mucho abandonaron a un motociclista que se quebró una pierna a media carrera. “Todos nos fuimos porque te puede agarrar la Policía ahí”.

* Tercera parte de una serie especial