¿Volver al pasado? Tal vez lo necesitas

Me refiero a por ejemplo, atreverse a tomar el teléfono y hacer esa llamada a esa persona que nos ha atormentado por mucho tiempo

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¿Volver al pasado? Tal vez lo necesitas
Siempre he sido una de esas personas que creen firmemente en “mirar para adelante” y como bien dicen por ahí: “para atrás, ni para tomar impulso”. Sin embargo, el otro día, hablando con una amiga, llegamos a la conclusión que - de vez en cuando- es necesario volver al pasado./Shutterstock

Siempre he sido una de esas personas que creen firmemente en “mirar para adelante” y como bien dicen por ahí: “para atrás, ni para tomar impulso”. Sin embargo, el otro día, hablando con una amiga, llegamos a la conclusión que – de vez en cuando- es necesario volver al pasado.

Si, tal como lo escuchan. No estoy hablando de una máquina de tiempo para devolvernos 10 o 15 años, me refiero a por ejemplo, atreverse a tomar el teléfono y hacer esa llamada a esa persona que nos ha atormentado por mucho tiempo, o a atrevernos a volver a una ciudad de la cual literalmente salimos corriendo escapándonos de algo, alguien o de nosotros mismos.

Hace muchos años, mi amiga Marcela terminó su relación con el hombre que pensó sería el hombre de su vida cuando cayó en cuenta que él no quería un compromiso serio.

Desesperada por olvidarlo, Marcela se mudó de ciudad, cambió su número de teléfono e intentó comenzar de nuevo. Ya han pasado más de diez años y desde aquel día,  no se había atrevido a volver a esa ciudad por miedo a encontrarse con ese hombre que le había hecho tanto daño.

Hace unos días me llamó muy contenta para decirme, “oye, finalmente he superado a mi ex”. No entendí lo que me decía hasta que me contó que había viajado a su antigua ciudad y lo había contactado para que se tomaran un café.

Cuando Marcela estaba esperándolo, estaba muy nerviosa, pues no sabía que le iba a decir. Por su mente pasaron miles de escenarios: “¿Y que tal si me pide que vuelva con él? O ¿qué tal si vuelvo a caer en sus redes?”.

El hombre llegó a su mesa y Marcela pudo mirarlo a los ojos . En pocos minutos se dio cuenta que ese hombre alto, bien parecido y arrogante del cual ella pensó estar enamorada por muchos años no había cambiado. Sus chistes, comentarios y movimientos eran los mismos que la habían hecho enamorarse de él. ¿Adivinen que?, él no había cambiado, pero ella si. La joven que le entregó su corazón a ese  hombre sin pensar en ella había madurado y de paso, había aprendido a quererse.

Creo que de vez en cuando es bueno volver al pasado para darte cuenta cuánto haz cambiado tú. La conversación que mi amiga soñó tener durante años con aquel novio fue totalmente diferente a lo que ella se pudo haber imaginado.

Minutos más tarde, ella pudo pararse de la mesa, le dio las gracias por su tiempo y se fue a caminar por las calles que tanto había añorado y que no había podido visitar por el miedo a enfrentar su pasado.

Espero sus comentarios,

Carolina Sarassa

@CarolinaSarassa

http://www.CarolinaSarassa.com