Rinden homenaje a participantes de la Marcha de Campesinos a Sacramento de 1966

La acción fue un hito crucial para la UFW y ayudó a despertar la conciencia de miles campesinos en el norte de California
Rinden homenaje a participantes de la Marcha de Campesinos a Sacramento de 1966
El capitan de la marcha de 1966 de Delano a Sacramento, Roberto Bustos, revisa el orden de los marchistas. /Libreria UC San Diego

Durante la XX Convención del Sindicato de Campesinos (UFW, por sus siglas en inglés), realizada en Bakersfield, California, del 20 al 22 de mayo, se rindió homenaje a los veteranos de las luchas por los derechos de los campesinos. En esta oportunidad se hizo énfasis en quienes participaron en la histórica marcha de Delano a Sacramento en 1966.

“Necesitábamos un líder para la marcha”, dijo Dolores Huerta, líder histórica de la UFW. “Pero cuando nombramos a uno de nuestros voluntarios, se negó porque dijo que era comunista y que no quería marchar con la imagen de la Virgen de Guadalupe…”

La búsqueda continuó y finalmente seleccionaron a Roberto Bustos, al que nombraron capitán de la marcha.

“Al principio me asusté, pensé que nadie me iba a hacer caso, pero no fue así”, dijo sonriente Bustos, de 74 años, residente de Tulare.

“Pregunté dónde estaban los carros en los que íbamos a ir, pero que no, nada de carros, teníamos que caminar más de 300 millas!

Bustos
En 1966 seleccionaron a Roberto Bustos como capitán de la marcha. /Eduardo Stanley

El objetivo era llamar la atención de los legisladores estatales sobre las condiciones de vida y laborales de los trabajadores del campo.

Para muchos, la idea de una marcha tiene su origen en las marchas encabezadas por Martin Luther King en el sur del país como parte del movimiento de los derechos civiles. Pero quizá la mayor influencia fueron las peregrinaciones religiosas, especialmente si consideramos la religiosidad de los campesinos.

“Caminábamos unas 10 o 15 millas por día, paramos en casi todas las comunidades rurales para hablar con los campesinos y pedirles que se unan a la UFW”, comenta Bustos.

“Caminábamos de día y de noche dormíamos donde podíamos, a veces en parques, otras veces en casa de jornaleros o iglesias”.

La marcha tuvo un efecto espectacular. A medida que pasaba el tiempo, mayor era la atención que los marchistas lograban.

“Muchas veces la gente nos recibía con comida y agua, y esto nos daba ánimo”, cuenta Bustos, ya jubilado pero voluntario en varias organizaciones locales. “Mis hijos saben lo que hicimos y están orgullos de mí y de los marchistas”.

Después de casi un mes de marcha, con los pies ampollados, agotados pero satisfechos, los marchistas llegaron a Sacramento donde fueron recibidos por más de 10.000 personas con canciones y vítores.

Los marchantes antes de salir de Delano a pie con destino a Sacramento en 1966. /Libreria de UC San Diego
Los marchantes antes de salir de Delano a pie con destino a Sacramento en 1966. /Libreria de UC San Diego

El despertar de los campesinos

La Marcha Delano-Sacramento fue un hito crucial para la UFW y el Movimiento, y ayudó a despertar la conciencia de miles campesinos.

La imagen de sacrifico de los participantes dio la vuelta al mundo. La mayoría de los voluntarios de la UFW aportaron una gran dosis de sacrificio y dedicación.

“Yo fui la primera que me fui a la huelga”, dijo Ester Urandai, de 79 años y residente de Earlimart. “En 1965 me enteré de que los filipinos se fueron a huelga y me fui enseguida a la oficina de la UFW en Delano y dije que nos íbamos a la huelga con ellos!”

Urandai recuerda los sacrificios de los voluntarios que eran la estructura del sindicato. “En esa época no había nada, ningún apoyo oficial, pero la gente nos fue dando apoyo”, dijo esta ex empleada de la oficina de la UFW en Delano que incluso llego a ser administradora a pesar de haber completado solo el 8vo. grado. “Aprendíamos mientras trabajábamos”.

Ella, junto a la esposa de César Chávez, Helena, fueron arrestadas en 1965.

Muchos veteranos de la UFW mantienen un gran sentido del humor. “Mi suegra cuidaba mis niños, el problema es que ella también quería participar!”, concluye riendo Urandai.