Papeles: Bienvenido al desempleo

Pegar el grito de independencia de juntas, horarios, responsabilidades, estrés, es preferible al más robusto saldo bancario
Papeles:  Bienvenido al desempleo

Hace unas semanas, Carlos Raúl Yepes, uno de los principales ejecutivos bancarios de Colombia, renunció a su cargo cuando estaba en el curubito. La noticia todavía anda de boca en boca. Es como si Messi o Ronaldo colgaran los guayos en lo mejor de su parábola balompédica.

Una carta de su hija en la que lo invitaba a compartir más en familia lo llevó a dar el paso al costado. Al dimitente presidente del Banco de Colombia, le di la bienvenida a través de este correo:

Dr. Yepes, salud.

Permítame darle la cordial bienvenida a la cofradía de los que nos despertamos y se nos agota la agenda, como a los gatos.

¡Qué ironía! El día del trabajo, el hombre que renunció a la presidencia del Bancolombia despertó en el asfalto laboral. Se miró al espejo y éste le devolvió otro rostro. Sospecho que debió mirarse varias veces hasta convencerse de que usted era usted.

Pegar el grito de independencia de juntas, horarios, responsabilidades, estrés, es preferible al más robusto saldo bancario.

Ser millonarios en tiempo libre nos hace más afortunados que Bill Gates y su carnal Buffett juntos. Si al tiempo libre le sumamos salud, como lo propone algunos estudiosos, habremos conquistado el nirvana.

“Se me pianta un lagrimón” cuando recuerdo la carta de su hija que lo convenció de marginarse de la brega diaria en pleno Everest de su productividad.

Me quito el sombrero, la cabeza si es del caso, por preferir la felicidad al éxito.

Románticos como su educación son bichos raros en esta feria de vanidades en la que el “poderoso señor Don Dinero” impone su libreto.

Decidirse a ser uno más del directorio telefónico, el conocido señor N.N. que se detiene a descifrar el vuelo de las aves o a ver pasar el metro con sus miles de sueños e insomnios, vale oro.

Además, no se retira a jugar cartas o a mirar exhostos de tractomulas, o a ver pasar el metro.

En su discurso ante el Concejo de Medellín que lo distinguió por su vida y obra, dejó claro que continuará conjugando el verbo servir, que tanto amaba el emperador Adriano. “… estamos en un momento de oportunidades únicas para sumarnos a la construcción de un país mejor, a entender que no hay paz si no empezamos por nuestro ‘metro cuadrado’”, dijo.

Eso sí, deberá aprender a manejar la condición de “santísimo expuesto” en casa que alza los pies para que barran por debajo.

Tendrá que ingeniárselas como los magos que sacan rinocerontes de un estornudo, para que los suyos no se aburran con el macho alfa mirándolo todo como el cuadro del Corazón de Jesús.

Así que a prepararse a tomarle confianza a la diosa cotidianidad, esa que le hizo decir a una refugiada siria cuando llegó a Estocolmo: Todo lo que quería era volver a abrir y cerrar una puerta…