La vida sin tus hijos…

Luego de las graduaciones vendrá el momento en que los hijos deban mudarse para la universidad
La vida sin tus hijos…
En algunos casos también se manifiesta el temor a ser abandonado o excluido de la vida de los hijos.
Foto: Shutterstock

Al concluir las fiestas de graduación, una nueva realidad se asoma para muchas familias cuando los hijos irán a la universidad y dejarán de vivir junto a sus padres.

El proceso de adaptación a esa nueva vida, sobre todo para las madres, puede ser difícil de asimilar debido a la sensación de ausencia que se experimenta cuando los hijos ya no viven en casa.

La psicóloga clínica Libna Sanjurjo-Meléndez explicó que el conjunto de síntomas que se produce cuando un hijo deja el hogar y que se conoce con el nombre del síndrome del nido vacío es parte de las fases evolutivas del ser humano.

“El nido vacío es una de esas etapas de desarrollo donde, luego de haber construido una familia, de haber criado a los niños, que ellos se hacen independientes, se  comienza a experimentar un sentimiento de ausencia, de falta de ese ambiente que se llenaba con la presencia de ellos.

Comienza a sentirse ese vacío, esa nostalgia, un poquito de tristeza también, por aquello que tuve y que ya no tengo”, indicó la doctora. Para los padres, aseveró, es como volver al principio, cuando estaban solo ellos, porque el proyecto de crianza que tenían en común concluyó.

No obstante, resaltó que cuando se trata de una familia donde uno de los dos padres ha estado ausente, la sensación de vacío puede ser mayor porque los lazos que se desarrollaron con su hijos suelen ser más fuertes.

“Si es solamente mamá o papá, se desarrolla una relación más afín con esos hijos, quizás de mayor cercanía o dependencia, y yo diría que sería más notable ese nido vacío si esa persona no procuró tener una red social adicional a lo que era su rol de crianza. Si ese papá o esa mamá se enfocó solo en lo que era su rol de padres y de desarrollar a su hijo y no desarrollaron otros proyectos individuales u otras relaciones, esa ausencia va a ser devastadora.

“Y si no se maneja bien podría experimentar otra sintomatología, mayor tristeza, y algo que sería una etapa de desarrollo normal podría convertirse en  una crisis un poquito más profunda si no se trabaja”, argumentó la experta en conducta humana.

Además de la sensación de ausencia o vacío, nostalgia y tristeza, precisó, es normal sentir algo de preocupación acerca de cómo estará el hijo o hija en esta nueva etapa de mayor independencia y si podrá desarrollarse bien. Esa preocupación puede llevar a los padres a experimentar ansiedad.

En algunos casos también se manifiesta el temor a ser abandonado o excluido de la vida de los hijos.

“Todas son emociones esperadas dentro de esta crisis de desarrollo porque el nido vacío es una crisis de desarrollo esperada y normal dentro de las etapas del ciclo humano. Así que esas emociones que van a experimentar se van a normalizar; son parte del proceso. No se debe tener miedo a ellas”, señaló Sanjurjo-Meléndez.

“Lo malo sería cuando se desarrolló algún tipo de relación de dependencia no saludable. Ahí es que te diría yo que podría haber algún tipo de problema en la otra persona que no sepa manejar esa salida.  “Eso tiene que ver también con la personalidad (de ambos), que tienen que ver también otros factores”, añadió.

Por otro lado, afirmó que en medio de la nostalgia, preocupación, ansiedad y vacío puede experimentarse un sentimiento de orgullo al ver que sus hijos están en el camino correcto a alcanzar sus metas.

“Ahí hay alegría de parte de ellos, pero eso no quita ese ‘feeling’ de ‘ay, ya no va a estar conmigo’ ”, comentó.

Dichas emociones, detalló, no son muy distintas de las que sentirá el hijo o hija que inicia una vida lejos de sus padres. Muchos de ellos, aseguró también experimentan un poco de ansiedad ante el cambio, preocupación sobre cómo estarán sus padres sin ellos y nostalgia por la vida que van dejar.

¿Y ahora qué?

La doctora expresó que es fundamental reenfocar sus emociones y prioridades. Mencionó, por ejemplo, ver los logros de sus hijos como parte de los suyos y como resultado del esfuerzo de crianza que realizaron durante tantos años.

Más allá de sentirse abandonado o triste o nostálgico, vamos a sentirnos orgullosos de que hemos hecho un buen trabajo con nuestros hijos, al nivel de que ya están siendo independientes o autónomos. Esa es una de las mayores metas que deberían tener los papás”, recalcó.

También recomendó entender la situación como parte del desarrollo humano y enfatizó que la mudanza de los hijos no implica que la relación entre ellos terminó, sino un cambio de rol, que ya no será de cuidadores, sino más bien de mentores o consejeros.

“Yo creo que eso es lo que los hijos adultos necesitan de sus padres, más allá de ser cuidados necesitan un mentor, necesitan un consejero. Es como vestirse de este nuevo rol que la vida le da”, manifestó.