No tiene cáncer sino alopecia, pero eso no la detiene

El diagnóstico de alopecia motivó a Franchesca Sánchez Quintana a crear la fundación Sin Límites para apoyar a otras mujeres con la misma enfermedad

No le interesa llevar una peluca puesta. Tampoco pañoletas ni sombreros que escondan que padece de alopecia. Franchesca Sánchez Quintana está convencida de que el valor de una persona y su belleza no estriban en su cabellera. Lo ha comprobado por experiencia propia.

Hace nueve años que fue diagnosticada con alopecia, y ha sido la falta de educación que ha notado en la población respecto al tema, la que la motivó a crear la fundación sin fines de lucro Sin Límites. También el interés de que exista una entidad para servir de apoyo a quienes padecen la enfermedad.

 

“Tenemos una base de alrededor de 25 personas al menos en Puerto Rico y de todas las edades, no importa género. La más joven tiene 5 años”, menciona la también maestra de educación especial.

Antes de comenzar a perder el pelo, por años, Franchesca acostumbraba lucir una cabellera larga marrón claro, la que recortó a los hombros poco antes de notar la caída.

Aunque ahora ve con naturalidad su condición médica, confiesa que no fue fácil al principio, cuando tenía 19 años y era una estudiante universitaria, activa en el voleibol. “Yo muchas veces me preguntaba que por qué, y me ponía bien triste. Y hasta coraje me daba, de por qué eso me tenía que suceder a mí”, relata.

“Durante un año yo estuve en este proceso de aceptación, porque estuve en tratamiento. Me crecía y volvía y se me caía. Y ya yo me veía realmente enferma, me veía fea, porque había unas áreas con pelo y otras área sin pelo”, recuerda. Esto hacía mucho más complicado el intento de arreglarse para disimular la calvicie.

A esto se añadía la frustración de encarar personas que se le acercaban para mostrarle su empatía o solidaridad ante la errónea idea de que se trataba de los efectos de la quimioterapia por el cáncer. También, a quienes criticaban –con sus comentarios o su mirada- su decisión de seguir dedicada al deporte del voleibol, o ir a algún lugar a distraerse. “Eran de prejuicios, de que era una desconsiderada, ‘cómo es posible que está jugando así, si ella tiene cáncer’”, menciona consternada.

Al día de hoy, todavía muchos se confunden. “En nueve años, solamente dos personas se han acercado a preguntarme si lo mío es alopecia”, lo que acentúa más su interés en educar a la población. “Sigo sintiendo ese estigma de la gente”.

Tras vivir alrededor de un año sintiendo tristeza por su diagnóstico, un buen día la joven, natural de Moca, decidió que ya no se angustiaría más. “Traté de buscarle el lado positivo”, comparte. “Me dije: ‘el no tener cabello no me va a limitar a estudiar, a ser parte de esta sociedad y de lo que quiera hacer’”.

Sánchez terminó su bachillerato en educación especial. Incluso, participó en pasarelas de diseñadores de moda. “Actualmente soy maestra, después hice una maestría en autismo, y ahora estoy estudiando un doctorado en psicología clínica”, menciona con orgullo.

Sobre su fundación, que cuenta con una página web y está abierta tanto a hombres como mujeres, la inunda la gratificación de servir. “Me da mucha satisfacción y alegría el saber que se pueden acercar personas a mí y agradecerme por el movimiento que estamos haciendo; que de una manera u otra, seamos portavoz de esas personas que todavía no tienen la iniciativa o no se atreven a dar el paso y enfrentarse tal y como son”.