Un Voto de Desconfianza, Nuestro Derecho Constitucional en Peligro

Hace menos de ocho años, Estados Unidos era el mayor obstáculo del mundo en el combate contra el cambio climático. Hoy es el líder mundial. Y gran parte de este asombroso cambio se lo debemos a los votantes hispanos.

Tanto en 2008 como en 2012, el abrumador apoyo de los hispanos a Barack Obama resultó ser crucial para sus dos victorias y la posterior implementación de su política de combate contra la crisis climática.

Para nosotros los hispanos el convencimiento de la existencia de la crisis climática y la necesidad de que el gobierno federal actúe para combatirla son prácticamente unánimes, todavía muy por delante de la población en general. Y este apoyo a las protecciones medioambientales queda demostrado a la hora de votar.

Este año, el voto hispano volverá a ser crucial y los candidatos a la Casa Blanca saben que para triunfar deben atraer un sustancial porcentaje de estos votantes.

Por el lado demócrata, Hillary Clinton considera el combate contra el cambio climático una prioridad fundamental, y ha presentado planes claros y decididos para hacer una transición expedita hacia una economía de energía limpia.

El candidato republicano, Donald Trump, en cambio, considera el cambio climático “un montón de basura” y “un timo” ideado por el gobierno chino para arruinar nuestra economía. En un reciente discurso, Trump delineó su aterradora agenda de energía sucia, incluyendo la eliminación de la Agencia Federal de Protección Medioambiental, la anulación del Plan de Energía Limpia y el rechazo del Acuerdo Climático de París.

Si a esto agregamos que Trump considera a los inmigrantes mexicanos “violadores” dedicados al narcotráfico y al crimen, no es de extrañar que entre nosotros su popularidad sea abismal. ¿Cómo entonces podría ganarse el necesario voto hispano? El y su partido tienen una alternativa: suprimir a nuestros votantes.

Treintaitrés estados ya poseen leyes que restringen el derecho constitucional de votar por medio de leyes de identificación del votante (voter ID laws), y prácticamente todos están controlados por legislaturas republicanas. Estas leyes están diseñadas para dificultar el voto de hispanos, afroamericanos, jóvenes y ancianos. En Texas, por ejemplo, para miembros de estas comunidades, típicamente de bajos ingresos, es tan difícil conseguir la documentación para votar, que se ven obligados a contratar a abogados que les ayuden. Muchos más renuncian a seguir buscando.

Estas leyes son una solución desesperada a un problema que no existe. Según estudios, es más probable que a un votante le caiga un rayo que cometa fraude electoral, entre otras razones porque el castigo al que se arriesga ensombrece por completo las posibles ganancias.

Sin embargo, la supresión del voto es realmente efectiva. Según un reporte de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental, estas leyes pueden reducir la participación electoral hasta un 3%, sobre todo entre estas comunidades. En el sur de la Florida, en 2012, decenas de miles tuvieron que esperar hasta nueve horas para votar al haberse reducido drásticamente las opciones para hacerlo.

Pero hay mucho que usted puede hacer para estar listo para votar. La campaña Ya Es Hora ¡Ve y Vota!, organizada por NALEO, NCLR, Univisión e ImpreMedia, entre otros, tiene un servicio de información bilingüe (888-839-8682) que le informa sobre todos los aspectos de este proceso, desde registrarse para votar, y los requisitos de documentación, hasta dónde y cuándo votar. En cualquier caso, para evitar dificultades, vote por adelantado, por correo o el fin de semana anterior a la votación.

Para nosotros los hispanos estos obstáculos son un voto de desconfianza que ponen en peligro nuestro derecho constitucional. Pero todavía está a tiempo de usar su poder y votar por el futuro de su familia el 8 de noviembre.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígalo en Twitter @javier_SC