“Me quieren matar en Guatemala, por eso decidí escapar”

Movidos por la violencia, las extorsiones y la pobreza, los centroamericanos no paran de llegar a Tijuana en busca de que Estados Unidos les otorgue asilo
“Me quieren matar en Guatemala, por eso decidí escapar”
El guatemalteco Francisco Pascual con su hija de 12 a–ños Angelina reciben alojamiento, comida, orientacion, y primera atencion medica en la Casa del Migrante en Tijuana.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

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Cuando Francisco Pascual se encontró por debajo de la puerta de su vivienda en Guatemala, un papel que decía: “debe entregarnos 60,000 quetzales. Si no lo hace, vamos a secuestrarlo y matarlo donde se encuentre”, decidió dejarlo todo.

Me llene de miedo”, relata sentado en la cocina de la Casa del Migrante de Tijuana a donde hace un par de días llegó, junto a su hija de 12 años, en su trayecto hacia Estados Unidos.

Las familias de El Salvador, Honduras y Guatemala que escapan de la violencia y la miseria se han sumado a los cientos que a diario buscan a través de Tijuana obtener asilo político en la Unión Americana.

Quinta Parte: 06/11/16/ TIJUANA/Guatemalteco migrante Francisco Pascual con su hija de 12 a–os Angelina reciben alojamiento, comida, orientacion, y primera atencion medica en la Casa del Migrante en Tijuana. Pascual con su hija huyen de la violencia, asesinatos, amenazas y secuestros de su pais. (Foto Aurelia Ventura/ La Opinion)
Francisco Pascual con su hija de 12 –años Angelina reciben alojamiento, comida, orientación y atención médica en la Casa del Migrante en Tijuana. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

Pascual no escapó solo. Decidió traer con él a su hija Angelina de 12 años. “La traje porque la conocen Las Maras. La niña me ayudaba en el puesto de frutas en la calle que yo tenía para ganarme la vida”, dice Pascual.

Los miembros de las maras tenían meses que lo obligaban a entregarle 150 quetzales por semana.

“Llegó un momento que ya no me quedaba ganancia. El negocio se terminó con todas sus exigencias”, indica.

Pascual dejó a su esposa y a tres de sus hijos de 16, 3 y 1 año de edad en Guatemala.

“Me preocupa pero no tuve opción. La niña y y yo éramos los que corríamos más peligro. Cerré mi vivienda. Mi familia se fue a la casa de mi suegro”, cuenta.

En Centroamérica la violencia de pandillas ha obligado a miles de personas a salir de sus países ante la inseguridad que viven en sus barrios.

La violencia y el miedo ha llegado a niveles tan altos que muchos padres han recurrido a traerse a sus hijos incluso sin ser acompañados por un adulto, algo que se experimento recientemente con la ‘crisis humanitaria’ de niños inmigrantes en la frontera sur de este país.

Quinta Parte: 06/11/16/ TIJUANA/Guatemalteco migrante Francisco Pascual con su hija de 12 a–os Angelina reciben alojamiento, comida, orientacion, y primera atencion medica en la Casa del Migrante en Tijuana. Pascual con su hija huyen de la violencia, asesinatos, amenazas y secuestros de su pais. (Foto Aurelia Ventura/ La Opinion)
Angelina de 12 años ayuda en la limpieza en la Casa del Migrante de Tijuana donde ella y su padre recibieron alojamiento tras escapar de Guatemala donde eran amenazados de muerte. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

La niña no habla español

Pascual y su hija salieron el 18 de abril de su pueblo en el municipio de San Mateo Ixtatán en Guatemala y llegaron a principios de junio a Tijuana. El viaje lo hicieron en autobús. “Para llegar hasta aquí hice varias paradas. Trabajé como albañil y ayudante de la construcción en Tuxtla Gutiérrez y en la ciudad de México. Iba juntado dinero para el viaje”, dice Pascual.

La Casa del Migrante de Tijuana que dirige el padre Patrick Murphy le dio un techo y alimentos para él y su hija. Angelina sonríe con timidez. Vive como en un mundo aparte. No habla español. Su dialecto es el kanjobal, uno de los idiomas mayas que habla la población del altiplano occidental de Guatemala. Nunca ha ido a la escuela, confía su padre.

“Me siento contento de llegar a Tijuana, pero queremos cruzar a Estados Unidos. En Salinas, California tengo un amigo que es como mi hermano, que me va a echar la mano”, dice.

Quinta Parte: 06/11/16/ TIJUANA/Guatemalteco migrante Francisco Pascual con su hija de 12 a–os Angelina reciben alojamiento, comida, orientacion, y primera atencion medica en la Casa del Migrante en Tijuana. Pascual con su hija huyen de la violencia, asesinatos, amenazas y secuestros de su pais. (Foto Aurelia Ventura/ La Opinion)
El guatemalteco migrante Francisco Pascual escapó con su hija Angelina de la violencia, asesinatos, amenazas y secuestros de su pais. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

De un momento a otro, Pascual pensaba ir a la garita estadounidense de San Ysidro para solicitar asilo.

“La verdad que tengo mucha confianza en que me acepten. Uno sale de su país por la pobreza y por miedo, uno no quiere la muerte. Muchos guatemaltecos ya han muerto. Yo quiero vivir”, admite.

La migración no se detiene

Giulia Menegatti es una estudiante italiana que desde hace meses se sumó a la Casa del Migrante de Tijuana como voluntaria antes de regresar a Europa para hacer una maestría en Relaciones Internacionales.

“Cada día mueren en el Mediterráneo, muchísima gente. Europa en estos momentos está cerrando las puertas pero la Migración no para. Lo que los inmigrantes hacen es cambiar las rutas migratorias. Estos meses viendo este flujo de inmigrantes de África, Haití, Centroamérica y México que llegan a Tijuana con la meta de ir a Estados Unidos, después de dejar todo y exponiendo su vida, me lo demuestra”, indica

Menegatti agrega que si hay algo que ha visto en los ojos de los inmigrantes todos estos meses ha sido la fe y la esperanza.

Me voy de aquí con una rabia contra las fronteras y muros y con la esperanza de que un día se pueda encontrar una solución al sufrimiento que tienen que pasar los migrantes para encontrar una mejor vida”, dice.

* Quinta y última parte de una serie especial