La soledad: asesina silenciosa de la tercera edad

La jubilación y el cambio en el ritmo de la vida que ésta implica puede provocar sentimientos de tristeza, preocupación y, en su peor efecto, una depresión profunda
La soledad: asesina silenciosa de la tercera edad
La soledad que aísla y enferma a las personas de la tercera edad se ve con más frecuencia en los hombres jubilados sin pareja.
Foto: Shutterstock

Cuando Elsea Hernández se jubiló, a los 62 años de edad, sintió “un gran alivio”.

“Fue maravilloso. Se acabó el estrés, la ansiedad y la angustia que sentía ante los problemas de salud que tenía y la mala situación económica que enfrentaba la empresa para la cual trabajé por muchos años”, cuenta esta colombiana, quien en julio cumple sus 76 primaveras.

La felicidad le duró un par de años a esta contadora de profesión, hasta que comenzó a extrañar el contacto diario que tenía con sus compañeros de trabajo y la rutina de levantarse temprano, arreglarse y salir de casa con un fin específico.

Pero ella misma encontró la solución. “Me vinculé a varios centros de personas de la tercera edad para hacer nuevos amigos; me compré un perrito, que me obliga a estar activa, y empecé a organizarme mejor económicamente para tratar de viajar y mantenerme más en contacto con los familiares que viven lejos”.
Hasta el día de hoy, estas sencillas decisiones la ayudaron a estar bien emocionalmente, algo que le importaba lograr ya que su salud en general mejoró por completo al poner fin a su vida laboral.

La historia de Elsea difiere con la de muchas de sus mejores amigas y amigos, quienes al jubilarse en vez de sentirse mejor han caído en un estado de depresión que ha empeorado sus males y los ha llevado al aislamiento.

“Es una decisión muy personal el tratar de motivarse para buscar los recursos de las personas mayores que ayudan a construir una nueva red de amigos y de apoyo para no sentirse sola o inútil”, reconoce Elsea. “Pero pienso que es responsabilidad de cada quien el tratar de hacer una nueva vida y sentirse bien, porque son muchos los casos que conozco donde los jubilados están completamente solos, porque sus hijos y parientes se han hecho a un lado, tal vez, por temor a tener que correr con sus gastos o ¡qué se yo!”.

Aislados y solos

Un buen número de los de la generación de Elsea se han jubilado y, a pesar de que la industria comercial está desarrollando diferentes productos y programas de entretenimiento y actividades físicas para que se mantengan activos,  nada se está haciendo para combatir a su peor enemigo: la soledad, considerada uno de los asesinos silencioso entre los jubilados de este país, ya que desencadena otros males que callan la vida de quienes la padecen.

“La soledad es algo que nos puede afectar a todos; sin embargo, vemos que con la jubilación y el cambio en el ritmo de vida que ésta implica, se ve más en las personas de la tercera edad”, dice Elizabeth Hamilton, psicoterapeuta vinculada a Kaiser Permanente Panorama City.

Una de las principales razones de esto, apunta la psicoterapeuta, es el cambio en la relación social que se produce a partir de salir del trabajo y las dificultad que muchos tienen en sustituir esas conexiones sociales, una vez retirados.

Esta dificultad se presenta en aquellos que extrañan, sin poder superar, el contacto diario con sus compañeros, tener una rutina, la estimulación mental de su trabajo y el saber que antes aportaban o contribuían a algo. Y aunque esto se manifiesta en los hombres y mujeres que se retiran del mercado laboral, la incidencia se ve con mayor frecuencia en los hombres que al jubilarse están solos, separados o han enviudado.

La ansiedad que a veces unos sienten por perder un ingreso fiable, contribuye también a los estados de depresión donde la soledad y el aislamiento golpea. Por ello, resalta Hamilton, la planificación financiera previa y el aprender a ajustarse a un nuevo presupuesto es importante cuando uno se retira.

Los jubilados que están casados o tienen un compañero de vida tienen a estar más saludables y felices que los que están solos.
Los jubilados que están casados o tienen un compañero de vida tienen a estar más saludables y felices que los que están solos./Shutterstock

Efectos negativos de la soledad

“La soledad puede afectar a los jubilados de muchas maneras. Puede provocar sentimientos de tristeza, preocupación y, en su peor efecto, una depresión profundamente arraigada”, dice la experta en comportamiento humano. “Es importante para quienes están experimentando estos sentimientos buscar el apoyo de sus amigos y familiares y la ayuda profesional de sus proveedores de salud”.

En los jubilados que caen en depresión, las enfermedades crónicas —como la diabetes y la hipertensión—, a veces, empeoran si las padecen.  “Por eso, la alimentación saludable y el ejercicio diario; así como las citas regulares con el médico, son primordiales para sentirse bien y disminuir los efectos de los cambios emocionales que llevan a sentirse deprimidos”, señala Hamilton.

Mantener un network social

Tener contacto con otras personas es fundamental tanto para la salud física y emocional de un individuo.

“Sabemos que las personas mayores que tienen relaciones sociales satisfactorias tienen una mejor capacidad de resistencia, un factor de recuperación mucho más favorable y un índice de deterioro físico y mental más bajo”, concluye la psicoterapeuta.

“Estas personas tienden a contar con una mejor calidad de vida al mantener un mejor control de su salud. Por el contrario, las personas solas se sienten aisladas de los demás, aumentando la probabilidad de padecer de depresión,  y al reducirse el estado de bienestar general del individuo, se pueden presentar problemas del sueño, presión arterial alta, etcétera”.

El buscar una nueva red de amigos al entrar en la etapa de la jubilación es importante para mantenerse activo y conectado socialmente.
El buscar una nueva red de amigos al entrar en la etapa de la jubilación es importante para mantenerse activo y conectado socialmente./Shutterstock

Recomendaciones

Para evitar los efectos negativos de la soledad, la psicoterapeuta Elizabeth Hamilton aconseja:

  • Unirse a los viajes exclusivos que las organizaciones planifican exclusivamente para personas jubiladas.
  • Hacer voluntario en algunas organizaciones benéficas de su interés.
  • Tomar cursos académicos que aporten nuevas destrezas.
  • Mantenerse físicamente activos, uniéndose a grupo que realizan actividades aptas para su capacidad física particular.
  • Planificarse económica y socialmente para tratar de ver más a menudo los hijos, nietos, parientes y amigos que viven lejos.
  • Planificar de antemano con el compañero de vida, si se tiene, las actividades diarias que se realizan de manera individual o en pareja. Por ejemplo: salir a caminar, ir a un concierto o visitar a un museo, un amigo o familiar.

“El jubilado trabajó muy duro para su retiro, así que resulta importante seguir estos pasos que ayudan a vivir más feliz y saludable”, denota Hamilton.