Estrategia hacia migrantes centroamericanos no ha detenido la huída

Las barreras físicas y legales “han intensificado la crisis, fortaleciendo las redes ilegales” , señala reporte

Esta semana, el gobierno de Estados Unidos aceptó que la estrategia usada hasta ahora para detener y/o disuadir a migrantes centroamericanos a escapar de sus países no ha funcionado y este jueves, un reporte confirma que lejos de hacerlos más seguros, los hace más vulnerables al abuso por traficantes y otros peligros.

El reporte publicado por la organización no lucrativa International Crisis Group tras una intensiva investigación presencial en la región, señala que las deportaciones masivas emprendidas por Estados Unidos y México en los últimos dos años, no han disuadido el flujo.

Por el contrario, dice el reporte:

“Levantar más barreras y empujar a los migrantes y refugiados hacia una clandestinidad aún mayor ha intensificado la crisis humanitaria,  fortaleciendo las redes ilegales que han convertido gran parte de Centroamérica en un campo de batalla criminal”.

La crisis que comenzó a intensificarse en 2014, notable en Estados Unidos al triplicarse los arrestos de menores no acompañados y familias con niños pequeños provenientes del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA), “nunca fue resuelta”, expresa el reporte, que se basó en cientos de entrevistas a migrantes, funcionarios y expertos en México y Guatemala.

El secretario de Seguridad Nacional, Jeh Johnson, pidió más recursos para la vigilancia fronteriza pero instó al Congreso a que resuelva el problema de la inmigración ilegal. Foto: María Peña/Impremedia
El secretario de Seguridad Nacional, Jeh Johnson, pidió más recursos para la vigilancia fronteriza pero instó al Congreso a que resuelva el problema de la inmigración ilegal. Foto: María Peña/Impremedia

En Estados Unidos, el Secretario de Seguridad Nacional Jeh Johnson se jactó el pasado año de la aparente reducción en el flujo de los migrantes centroamericanos, luego que emprendió una campaña contra la migración, detenciones masivas y deportaciones.

El reporte concluye, sin embargo, que “no se resolvió, solo se empujó hacia el sur”.

“En 2015, México repatrió a 166,000 centroamericanos, entre ellos 30,000 niños y adolescentes, mientras que Estados Unidos deportó a más de 75,000”, apunta.

Las deportaciones de niños solos han aumentado desde la intensificación de la violencia en el Triángulo Norte de Centroamérica
Las deportaciones de niños solos han aumentado desde la intensificación de la violencia en el Triángulo Norte de Centroamérica

Las barreras físicas y legales, agregan, “han intensificado la crisis, fortaleciendo las redes ilegales”  y haciendo a los migrantes más vulnerables a los traficantes de humanos y a las bandas de explotadores sexuales que hacen su agosto en la región, sobre todo con los jóvenes migrantes.

Muchos de los deportados lo intentan de nuevo, y el ciclo se repite: “más del 80% de los migrantes detenidos por el Instituto Nacional de Migración de México han sido retornados a sus países de origen”.

El reporte cita al director de un albergue en México que dice que “lejos de disuadir a los migrantes, las deportaciones los han vuelto más vulnerables, más invisibles y más traficados”. No obstante, la situación en sus países es tan peligrosa, que consideran que es peor no migrar.

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“Un mayor número de familias está saliendo del país juntas porque temen dejar atrás a sus hijos”, cita el reporte al director del albergue.

Entre los migrantes citados por el estudio están:

  • Cindy, 23 años, de San Pedro Sula, caminó toda la noche la frontera entre México y Guatemala a través de un denso matorral que le dejó el cuello y los brazos cubiertos de arañazos. Su padre estaba desempleado y su madre estaba enferma de los riñones, por lo que la madre soltera era el único sostén de la familia. Espera traer a sus hijos, de cuatro y cinco años, desde Honduras una vez encuentre trabajo en México o EE.UU. Las maras reclutan a niños de tan solo seis o siete años como centinelas, dijo. “Van a por los niños más brillantes y las niñas más lindas. Me rompe el corazón”.
  • Aracely, 25 años, dejó a sus hijos de cinco y siete años con parientes en el departamento de Colón, en la costa atlántica de Honduras, en su tercer intento de llegar a EE.UU. tras ser deportada de México. Los problemas de su familia comenzaron cuando algunos familiares se involucraron con drogas ilegales. Unos traficantes rivales asesinaron a un tío suyo, transportista de droga, y luego mataron a su hermano y a su marido a balazos. Sabe quiénes son los responsables, pero no los va a denunciar: “Cuando los narcos matan, nadie puede decir nada”.
  • Maynor, 30 años, caminó casi dos días a través de la selva antes de llegar a un albergue. La caminata destrozó sus zapatos obligándolo a cojear durante las últimas horas con los pies sangrantes y llenos de ampollas. Conducía un taxi en Tegucigalpa, pero la mitad de su salario se le iba en pagos a las maras para asegurar su protección. “Nosotros los taxistas estamos jodidos”, dijo. “O les pagas a los mareros, o te matan”.
  • José, 21 años, salió de San Salvador con su esposa de diecinueve años y su hijo de un año. Era vendedor callejero, y fue testigo de un tiroteo entre pandillas. “Me dijeron que me fuera”. La familia vendió sus posesiones más valiosas – una cama y una motocicleta – pero el dinero solo les alcanzó para llegar al sur de México. “Nos quedaremos aquí si podemos. No tenemos ningún familiar allá [en EE.UU.]”.
  • Alex, 46 años, trabajaba en la construcción en Sonsonate, El Salvador, pero cuando el trabajo se agotó en su ciudad natal, tuvo miedo de buscar trabajo en otras partes del país. “No puedes trabajar en ningún lado sin el permiso de la pandilla local”. Así que piensa mudarse a Nueva Jersey, donde vivió hace más de una década, y enviar dinero a casa para criar a sus hijos, ya crecidos. “Nunca quise volver”, dijo, refiriéndose al aumento de los costos y peligros del viaje.
  • Diana, 31 años, es transexual y ha huido dos veces: de San Salvador para escapar de su expareja violenta con vínculos mafiosos, y de una localidad vecina tras presenciar el asesinato de otra transexual. Desde que llegó a México –donde se gana la vida trabajando en bares– ha sido golpeada y robada en tres ocasiones.