Clinton intenta sumar votos entre hombres blancos

Clinton y Kaine han recorrido Ohio y Pensilvania con un mensaje dirigido a la clase trabajadora
Clinton intenta sumar votos entre hombres blancos
La candidata presidencial demócrata Hillary Clinton acompañada del Sen. Tim Kaine.
Foto: Alex Wong / Getty Images

WASHINGTON.- Cuando faltan 99 días para los comicios generales, la candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, afronta una reducida ventana de oportunidad para captar el apoyo de los hombres blancos, en particular de la clase trabajadora, que es uno de los bloques más codiciados de la campaña pero que se decanta por el republicano Donald Trump.

Trump ha realizado numerosas promesas para generar empleos y recuperar la “grandeza” de EEUU y, aunque sus propuestas carecen de detalles, éste ha subido como la espuma en las encuestas, en particular entre los hombres blancos.

En cambio, Clinton ha ofrecido una detallada agenda de revitalización económica pero sigue afrontando baja aceptación entre los hombres blancos quienes, paradójicamente, confían más en Trump para el manejo de la economía.

Al aceptar la histórica nominación como la primera candidata presidencial de un partido mayoritario en EEUU, Clinton afirmó que los detalles de las políticas públicas sí importan, y en su campaña ha querido marcar el contraste entre sus propuestas y las de su rival republicano.

Tras la convención en Filadelfia la semana pasada, su campaña logró un repunte de siete puntos, de 52% contra el 43% de Trump, según una encuesta de CNN/ORC, y ahora Clinton recorre el país con el lema de “juntos, más fuertes”  (“Stronger together”), en contraste con el “yo-ismo” de Trump.

Propuestas de Clinton

Clinton ha prometido créditos tributarios y fondos para la capacitación laboral; la ampliación del acceso al internet; incentivos para el empresariado; una mayor infusión de inversiones para la infraestructura nacional y, por ende, la creación de la mayor cifra de empleos bien remunerados desde la Segunda Guerra Mundial.

El viernes pasado, Clinton y su compañero de fórmula, el senador por Virginia, Tim Kaine, emprendieron juntos un recorrido en autobus de tres días por Ohio y Pensilvania, dos de los estados clave en la reñida contienda presidencial, con un mensaje de inclusión y optimismo por la prosperidad económica.

Aunque Pensilvania se sitúa en la columna de votos seguros para el Partido Demócrata, Clinton no quiere dejar nada a la suerte, máxime cuando las encuestas dan fe del descontento popular contra el “establishment” político.

El reto para Clinton, claro está, es mostrar su solidaridad con la clase trabajadora, la que lucha por subsistir con salario mínimo y escasas oportunidades de avance, y desvincularse del “establishment”.

No es tarea fácil: por un lado, Clinton ha prometido continuar y mejorar algunas de las políticas económicas del presidente Barack Obama y, por otro, ha tenido que distanciarse, por ejemplo, del acuerdo comercial de la Alianza Transpacífico (TPP, en inglés) que antes defendía como secretaria de Estado.

De hecho, su otrora rival en la contienda, el senador Bernie Sanders, se granjeó el apoyo de millones de votantes al rechazar el TPP y prometer un aumento del salario mínimo de $7,25 la hora a $15 la hora.

Con un mensaje nacionalista y proteccionista, Trump ha prometido renegociar o incluso sacar a EEUU del Tratado Comercial de América del Norte (TLCAN), que puso en marcha en 1994 con México y Canadá, y poner en su lugar a China por su ventaja desleal en el comercio internacional.

Es que Trump ha querido aprovechar al máximo el declive del sector manufacturero, que ha dejado marginados a millones de trabajadores, en particular a los desplazados por la globalización o lo que tienen bajos niveles de educación o de destrezas para las demandas del mercado laboral.

Reacción de sindicatos

En declaraciones hoy a este diario, el presidente de la federación sindical AFL-CIO, Richard Trumka, reconoció que Trump ha sabido explotar “la furia real y entendible de la clase trabajadora”, solo que su agenda “es más intolerante que audaz, más desdeñosa que integral”.

“Debajo de toda esa fanfarronada lo que hay es un conjunto de ideas que son terribles para los trabajadores: piensa que los trabajadores ya ganan mucho, y que no tienen derecho a organizar sindicatos… cuando expongamos todo esto veremos que es un castillo de naipes que se derrumbará”, vaticinó Trumka.

“Estamos listos para escribir las reglas económicas a favor de las familias trabajadoras y sabemos que lo lograremos con Hillary Clinton,” enfatizó.

Por su parte, Rocío Sáenz, vicepresidenta ejecutiva del Sindicato Internacional de Empleados y Servicios (SEIU, por su sigla en inglés), dijo a este diario que, aún en medio de la inseguridad económica y la percepción de que el sistema favorece a los ricos, las propuestas de Clinton calan más en mayoría de sus miembros.

“Los miembros de SEIU y sus comunidades han salido en cifras récord para alzar su voz en sus lugares de trabajo, en las calles, y en las urnas, para incrementar los salarios y para proteger el derecho de unirse a un sindicato;  aumentar el acceso a la asistencia asequible para nuestros hijos y padres ancianos; y para avanzar la justicia racial de los inmigrantes y la justicia ambiental para todas nuestras comunidades”, apuntó Sáenz.

Más allá de las elecciones, sindicatos como el suyo seguirán la lucha por  construir un movimiento que “pueda nivelar el campo de juego entre los trabajadores y las empresas”, prometió.

Hechos y no palabras

También con un mensaje populista, Clinton ha encontrado la fórmula para convencer a los votantes, recordándoles que, a su juicio, las promesas de Trump de revitalizar el sector manufacturero son “promesas huecas”.

La meta de Clinton es que los propios votantes busquen respuesta a una de las interrogantes más importantes de la contienda: ¿Cómo creer en un empresario que ha llevado a empresas a la quiebra, y cuyos productos son hechos, no en EEUU, sino en México, Turquía, Eslovenia, u otros países en Asia?

Es el mensaje que seguirá remachando durante su visita a Las Vegas (Nevada) el próximo jueves.